LA FORÉNSICA Y LA PERICIA TÉCNICA EN OBRAS VIALES

RESUMEN
En una controversia vial, el punto no es acumular información, sino transformar evidencia en un dictamen que explique meridianamente el caso y facilite la decisión. El artículo de esta edición distingue entre pericias que se limitan a la verificación sesgada o al cálculo inconexo y aquellas que van al origen técnico del conflicto; en estas últimas, la forénsica es obligatoria porque impone contraste de hipótesis, jerarquización de variables y trazabilidad del sustento. Sin ese estándar, el dictamen se degrada a relato: se aferra a la primera explicación que encaja, deja alternativas abiertas y el sesgo —por conveniencia o por incapacidad— puede producir una apariencia de solidez. El mensaje es claro y directo: la selección del perito es gestión de riesgo. Un perito con formación multidisciplinaria, experiencia curtida y ojo crítico acelera el cierre y va al núcleo sustancial del problema; uno con capacidad insuficiente prolonga la controversia, encarece la resolución y pone en peligro la decisión final.
La pericia allana el terreno para la decisión
Una pericia técnica es el dictamen mediante el cual un especialista fija, organiza e interpreta hechos comprobables para que un órgano decisor pueda resolver una controversia con base técnica. Su finalidad no es sustituir la decisión, sino convertir evidencia dispersa —observaciones, mediciones, ensayos y documentos contractuales— en conclusiones sustentadas dentro del marco aplicable. Esto es crítico en controversias viales porque quien decide suele provenir del ámbito jurídico y no necesariamente domina el trasfondo ingenieril del caso; en arbitrajes, con frecuencia, el tribunal está integrado por abogados. En ese contexto, la pericia ordena el caso: delimita qué es hecho, qué es inferencia técnica y qué implicancias se siguen, de modo que el decisor pueda atribuir, descartar o graduar responsabilidades y resolver sobre montos, plazos o conformidad sin depender de narrativas.
El estándar que convierte evidencia en explicación
La forénsica es un enfoque de investigación aplicado a hechos técnicos controvertidos cuyo objetivo es reconstruir y explicar el nexo entre causas y efectos con un estándar de evidencia más exigente que la simple verificación. Parte de indicios y patrones, organiza hipótesis competidoras y las somete a contraste con elementos de prueba independientes, hasta identificar el mecanismo de mayor poder explicativo y las condiciones que lo hicieron posible. Su producto no es solo una conclusión técnica, sino una conclusión técnicamente defendible frente a la contradicción, porque explicita supuestos, limita inferencias, descarta alternativas razonables y muestra en qué se apoya cada afirmación.
Cuando el caso exige causalidad y no solo cumplimiento
La forénsica es necesaria cuando la pericia deja de ser verificación o cálculo y pasa a exigir una explicación causal defendible. En controversias viales, la decisión depende de establecer por qué ocurrió el daño o el bajo desempeño y de qué parte del sistema proviene, separando causas de origen, factores concurrentes y efectos. Cuando existen varias hipótesis alternativas razonables —diseño, materiales, construcción, drenaje, condición de soporte, operación, mantenimiento o evento externo— la pericia debe ordenar ese conjunto y cerrar el espacio de explicaciones con evidencia documentada. En cambio, si el encargo se limita a la comprobación rigurosa del cumplimiento del marco contractual y técnico aplicable o a determinar metrados, costos o plazos con información suficiente y términos de referencia claros, la forénsica no es indispensable; su aporte cobra relevancia solo si existe disputa sobre los hechos que sustentan la cuantificación del reclamo.
La naturaleza estructural de la pericia impone forénsica
Hay pericias en las que esa exigencia no es circunstancial, sino inherente. Ocurre cuando la pericia tiene naturaleza estructural: su objeto no es constatar ni comparar, sino explicar el origen técnico de la controversia. Debe identificar el mecanismo generador, ordenar causas y efectos y sostener esa explicación con respaldo técnico. En ese nivel, la forénsica no es opcional: es el lenguaje natural del dictamen.
Sin forénsica, la pericia se vuelve un dictamen de comparación y relato. Puede describir daños, citar especificaciones y enumerar desviaciones, y aun así no lograr lo central: sostener de manera demostrable el vínculo entre lo observado y la causa que se afirma. En controversia, eso deja la conclusión expuesta como una afirmación vulnerable.
Al prescindir de patrones, contraste de hipótesis y descarte, el dictamen cae en fallas típicas: confunde correlación con causalidad, selecciona una explicación verosímil sin justificar su preeminencia y deja abiertas alternativas que la contraparte puede explotar con facilidad. El resultado es predecible: el informe pierde capacidad de sostenerse en disputa y el decisor queda sin base sólida para atribuir, descartar o graduar responsabilidades.
En términos ejecutivos, el riesgo es directo: se toman decisiones costosas con diagnóstico insuficiente, y la controversia se prolonga porque el dictamen no cierra el caso; lo describe.
El sesgo como factor desvirtuador del análisis forense
Una parte importante de esa fragilidad no proviene de falta de información, sino de un factor desvirtuador: el sesgo. Esta distorsión es inevitable en toda pericia. El perito no observa la realidad en abstracto, sino un caso bajo encargo, con información imperfecta, presión de tiempo y una controversia ya cargada de narrativas. Por eso, en el análisis forense no se trata de un asunto moral, sino de un riesgo técnico que afecta la selección de evidencia, la ponderación de variables, la formulación de hipótesis y el alcance de las inferencias. Cuando ese riesgo no se reconoce ni se controla, el dictamen puede conservar el lenguaje de la forénsica —hablar de patrones, mecanismos y causalidad— pero perder su sustancia y producir una conclusión que aparenta solidez sin tenerla.
Dos patrones de distorsión: conveniencia o incapacidad
Existen dos patrones recurrentes que distorsionan sistemáticamente el resultado de una pericia. Uno es el sesgo instrumental, cuando el perito fuerza el análisis para sostener una conclusión previamente conveniente. El otro, más frecuente, es el sesgo por insuficiencia metodológica: no se comparan escenarios, no se agotan variables relevantes, no se formulan hipótesis competidoras ni se explicita un criterio de descarte; el perito se detiene en la primera explicación plausible y la presenta como causa. En casos extremos, ante su incapacidad, el perito busca una salida airosa para su dictamen aferrándose a lo primero que encuentra. El resultado es un informe que parece forense, pero es frágil. Concluye sin cerrar el espacio de alternativas y queda fácilmente rebatible.
Criterio de contratación: el perito define el cierre del conflicto
Para tomadores de decisión, funcionarios y ejecutivos, esto tiene una implicancia directa: la selección del perito define la calidad del insumo sobre el que se asignan riesgos, se pagan o rechazan montos, se aceptan obras, se determinan responsabilidades y se cierra —o se eterniza— una controversia. Por ello, no basta contratar “un especialista” ni un currículum brillante; hay que contratar capacidad real de pericia estructural: formación multidisciplinaria, expertise curtida en experiencia profesional y competencias personales inherentes para distinguir lo esencial de lo accesorio y ver más allá de lo evidente. En una pericia técnica, el conocimiento por sí solo no basta; hace falta reconocer patrones, detectar señales débiles y separar lo esencial de lo accesorio; en suma, la habilidad de ver más allá de lo evidente. Ahí es donde la forénsica aporta su valor: convierte esa agudeza en un análisis sólido y defendible, sustentado en contraste de hipótesis, jerarquización de variables y descarte de explicaciones alternativas. Todo ello, junto con formación multidisciplinaria y expertise curtida en experiencia profesional, permite construir un dictamen útil para decidir y cerrar la controversia de manera eficiente y aceptable para las partes.
