¿Cuál es el objeto fundamental de la gestión de activos viales? La respuesta parecería evidente: conservar la infraestructura vial existente en sus distintas escalas y componentes, desde una red, un corredor o una vía, hasta un puente, una estructura de drenaje, un pavimento, un talud o un sistema de señalización. Sin embargo, esa respuesta, generalmente aceptada, resulta insuficiente, porque reduce el objeto de la gestión a la conservación de una materialidad existente, cuando el verdadero problema no es solo que la infraestructura permanezca físicamente, sino que continúe cumpliendo la función que le confiere valor como activo.
Esta distinción es fundamental. Si la gestión se concentra solo en preservar la materialidad existente, puede limitarse a programar actividades sobre elementos físicos sin preguntarse si estos mantienen la función, el valor y la capacidad de servicio que justifican su permanencia dentro del sistema vial. Por ello, antes de definir intervenciones, resulta necesario precisar qué significa que una infraestructura permanezca como activo.
Para precisar esta diferencia, puede ser útil introducir una breve reflexión conceptual sobre el ser y el permanecer. No se trata de derivar una teoría de la gestión vial desde la filosofía, ni de sustituir el análisis técnico, económico o institucional por una especulación ontológica. Su valor es más acotado: permite aclarar qué se entiende por aquello que se busca preservar cuando se habla de un activo sometido al tiempo, al deterioro y a la intervención humana.
Desde un enfoque ontológico, el ser remite a aquello que hace que algo sea lo que es; es decir, a su realidad constitutiva. En la tradición aristotélica, esta discusión se vincula con las nociones de sustancia (substance), esencia (essence), forma (form) y materia (matter), empleadas para explicar cómo una realidad puede experimentar transformaciones sin perder necesariamente su identidad. Esta base puede asociarse con la discusión sobre la metafísica de Aristóteles 1 desarrollada por Cohen [1] y con el problema de la sustancia tratado por Robinson [2]. El permanecer, por su parte, alude a la persistencia de esa identidad en el tiempo, a pesar del cambio. En la filosofía contemporánea, este problema se aborda bajo expresiones como identidad en el tiempo (identity over time) y persistencia a través del tiempo (persistence through time), desarrolladas respectivamente por Gallois [3] y por la Internet Encyclopedia of Philosophy [4].
Desde esta perspectiva, el cambio no supone por sí mismo la pérdida de identidad. Una realidad puede experimentar cambios accidentales, materiales o circunstanciales sin dejar de ser lo que es, siempre que dichos cambios no alteren aquello que la constituye esencialmente. El problema aparece cuando las transformaciones adquieren un carácter sustancial; es decir, cuando comprometen la identidad de aquello que cambia y afectan su posibilidad de permanecer como lo que es. Por ello, administrar el cambio no significa impedir toda transformación, sino reconocerla, conducirla y actuar oportunamente antes de que alcance un nivel capaz de alterar la permanencia del ser.
Desde esta lógica, la gestión comienza cuando el cambio deja de ser observado como un simple deterioro físico y pasa a ser interpretado como una posible amenaza a la permanencia del activo. No basta registrar fallas, medir daños o programar actividades; es necesario determinar en qué medida esos cambios siguen siendo compatibles con la continuidad funcional de la infraestructura o si empiezan a comprometer aquello que la mantiene como activo dentro del sistema vial. Esta evaluación exige reconocer la gradualidad del deterioro: el activo no pasa súbitamente de conservar su condición a perderla, sino que atraviesa estados intermedios en los que la decisión oportuna puede evitar que los cambios administrables se conviertan en cambios sustanciales.
Por ello, la gestión de activos viales debe entenderse como una disciplina de decisión orientada a caracterizar esos estados intermedios y actuar antes de que el deterioro comprometa la permanencia del activo como tal. Conservar no significa simplemente prolongar la presencia material de una obra, sino definir, a partir de su estado, qué intervención corresponde para que la infraestructura continúe cumpliendo el papel que justifica su conservación dentro del sistema vial.
Todo activo vial cambia por efecto del tránsito, del clima, del envejecimiento de los materiales, del entorno, del uso y de las decisiones humanas. Ese cambio puede manifestarse inicialmente como deterioro parcial, pérdida de desempeño o alteración de ciertas condiciones de servicio, sin que ello implique necesariamente la pérdida de su condición como activo. El punto crítico aparece cuando esos cambios dejan de ser administrables dentro de la lógica de conservación y empiezan a comprometer aquello que permite que la infraestructura permanezca funcionalmente integrada al sistema vial.
La contribución de esta mirada es precisar el verdadero objeto de la gestión. No se gestiona solamente lo que se deteriora, ni se interviene únicamente lo que aparece como falla visible. Se gestiona la permanencia de la infraestructura como activo, lo que exige reconocer la gradualidad de los cambios que experimenta, desde aquellos compatibles con su continuidad funcional hasta aquellos que anuncian un riesgo de pérdida de condición o comprometen ya su identidad dentro del sistema.
En conclusión, gestionar activos viales no consiste únicamente en programar actividades de conservación, sino en tomar decisiones oportunas y adecuadas frente a esa gradualidad, ya sea para impedir que los cambios administrables se conviertan en cambios sustanciales o, cuando esa pérdida ya se haya producido, para restituir las condiciones que permitan recuperar su calidad de activo.
Referencias
[1] Cohen, S. M. (2021). Aristotle’s Metaphysics. En E. N. Zalta (Ed.), The Stanford Encyclopedia of Philosophy. Stanford University.
[2] Robinson, H. (2021). Substance. En E. N. Zalta (Ed.), The Stanford Encyclopedia of Philosophy. Stanford University.
[3] Gallois, A. (2023). Identity Over Time. En E. N. Zalta & U. Nodelman (Eds.), The Stanford Encyclopedia of Philosophy. Stanford University.
[4] Internet Encyclopedia of Philosophy. (s. f.). Persistence in Time. University of Tennessee at Martin.

