DE LA ACUMULACIÓN DE DATOS AL DESARROLLO DE MODELOS DE DECISIÓN

Reflexiones después de las Jornadas Internacionales sobre Gestión Inteligente de Activos Viales en Montevideo

Ingeniería CivilEd. Web
piarc activos viales

RESUMEN

Una crónica reflexiva y propositiva sobre las Jornadas Internacionales sobre Gestión Inteligente de Activos Viales, realizadas del 27 al 29 de mayo de 2026 en Montevideo, donde quedó en evidencia una paradoja relevante: la industria vial ha desarrollado una enorme capacidad para medir, registrar y procesar información, pero todavía enfrenta el desafío de convertirla en decisiones concretas de intervención. Entre equipos de alto rendimiento, sensores, inteligencia artificial, plataformas digitales y sistemas cada vez más sofisticados, se observó que el énfasis actual está puesto en perfeccionar la captura y el reporte de la información. Frente a esa tendencia, la presentación del modelo de decisión SEFACE permitió plantear un nuevo escenario: la optimización en la adquisición de datos y el empleo de la información disponible para sustentar decisiones técnicas, proporcionales y oportunas. Esta crónica reflexiona sobre la necesidad de avanzar desde la acumulación de información hacia el desarrollo de modelos capaces de convertir evidencia técnica en decisiones inteligentes para preservar el valor de los activos viales.

Montevideo: gran despliegue tecnológico, nuevo escenario estratégico

Montevideo: gran despliegue tecnológico, nuevo escenario estratégico sobre “Gestión Inteligente de Activos Viales: Innovación y Tecnología al Servicio de la Infraestructura”. El evento reunió a especialistas, autoridades, consultores, organismos multilaterales, empresas tecnológicas y representantes de distintos países: Uruguay, como país anfitrión, y luego Argentina, Austria, Brasil, Chile, Colombia, España, Estados Unidos, Nueva Zelanda, Panamá, Perú y Suiza, además de instituciones regionales como PIARC, CAF y BID. Todos fueron convocados alrededor de una idea que hoy domina la agenda técnica internacional: la gestión inteligente de la infraestructura vial.

Después de escuchar muchas de las presentaciones, una conclusión se volvió evidente: la gestión inteligente de activos viales ha avanzado notablemente en su capacidad para medir, registrar y procesar información, pero hoy se hace necesario fortalecer los modelos que permitan convertir esa información en decisiones concretas de intervención.

Las tecnologías presentadas mostraron, además, una enorme capacidad para mejorar la calidad de los datos y auscultar la infraestructura vial con un nivel de detalle impensable hace pocos años. Equipos de alto rendimiento, relevamientos móviles multisensor, inteligencia artificial, sistemas BIM, plataformas GIS y tableros de control dieron cuenta de un avance tecnológico que debe ser reconocido. Sin embargo, ese avance solo alcanzará su verdadero valor cuando la información obtenida permita decidir qué hacer, dónde intervenir y con qué prioridad.

Del dato a la decisión: el desafío principal

Una red vial no se gestiona solamente midiendo más. Tampoco se preserva únicamente acumulando bases de datos cada vez más extensas o de mejor calidad. Y mucho menos su gestión se vuelve inteligente por el solo hecho de utilizar equipos sofisticados, algoritmos de visión artificial o plataformas digitales avanzadas.

Además, hay un aspecto conceptual que debería analizarse: ¿cuál es la finalidad de la medición? ¿Acumular datos por el solo hecho de hacerlo o caracterizar la infraestructura de manera eficaz y eficiente? En gestión de activos viales, medir sin una finalidad clara puede convertirse en una carrera sin dirección. No se trata de capturar todo lo que la tecnología permite capturar, sino de medir solo aquello que resulte necesario para mantener o recuperar la función del activo. ¿Para qué más?

Esa es, quizá, una de las reflexiones más importantes que dejó el evento. Por un lado, se observó un despliegue notable de tecnologías orientadas a mejorar el relevamiento y procesamiento de información; por otro lado, quedó abierta una pregunta inevitable: ¿todo lo que hoy puede medirse resulta realmente necesario para decidir mejor? A partir de esa pregunta aparece una necesidad todavía pendiente: impulsar el desarrollo de modelos que expliquen cómo esa información se transforma en decisiones de puesta a punto, conservación, mantenimiento o rehabilitación de los activos viales.

Una carretera puede tener información abundante sobre inventario georreferenciado, parámetros de pavimentos, señalización, drenaje, puentes, alcantarillas o elementos complementarios. Pero si todo ese caudal técnico no se analiza mediante una lógica común de decisión, aplicable a los distintos tipos de activos, el gestor puede terminar frente a un océano de información y una pregunta todavía pendiente: ¿cuál es la acción correcta, en el tramo correcto, en el momento correcto y con el alcance correcto?

SEFACE en quince minutos: del concepto a la decisión

En ese contexto, la presentación del modelo de decisión SEFACE tuvo un significado especial, porque ubica la medición en el lugar adecuado: definir qué debe medirse y cómo hacerlo para que la información obtenida sea un insumo estrictamente necesario, y no una finalidad última de la gestión.

La ponencia sobre SEFACE tuvo que adecuarse, además, al formato exigente del evento: apenas quince minutos para explicar una metodología que parte de fundamentos conceptuales, distingue entre activos discretos y activos continuos, y luego reduce la densidad teórica mediante una aplicación práctica al caso de pavimentos. Para resaltar la versatilidad del modelo, la presentación cerró con una demostración de su integración en un sistema comercial real, SIGMAVIAL, lo que sin duda contribuyó a aterrizar el modelo en hechos tangibles y no dejarlo solamente en el terreno de la formulación conceptual.

Tres dimensiones para decidir mejor

SEFACE parte de una premisa simple y potente: todo activo vial tiene un estado que puede ser evaluado a partir de tres dimensiones fundamentales: funcional, superficial y estructural. Estas dimensiones no son equivalentes ni sustituibles entre sí. Una vía puede estar funcionalmente aceptable, superficialmente deteriorada y estructuralmente comprometida. O puede presentar una buena condición superficial, pero esconder una debilidad estructural que comprometa su desempeño futuro. Por eso, reducir la gestión a un solo indicador asociado a una única dimensión puede llevar a decisiones incompletas o equivocadas, dando lugar a lo que en el argot se conoce como soluciones de maquillaje.

El aporte del modelo SEFACE consiste en sintetizar esas tres dimensiones en un código trinomial ordinal, capaz de expresar el estado del activo de manera clara y operativa. Ese código no se queda en la descripción. Se vincula con una matriz de decisión que permite pasar del diagnóstico a la intervención. Allí está el salto conceptual: del dato al estado, del estado al código, del código a la matriz, y de la matriz a la decisión técnica.

En otras palabras, SEFACE no busca acumular información por acumulación. Emplea lo estrictamente imprescindible, lo organiza, lo interpreta y lo convierte en insumo para una herramienta de priorización.

SEFACE ante un auditorio de alto nivel

La ronda de preguntas permitió advertir, además, el nivel técnico del auditorio. Dos intervenciones resultaron particularmente significativas. La primera permitió destacar el valor de emplear, como elemento sintetizador del estado del activo, no una propiedad individual, sino un indicador trinomial que integra simultáneamente las tres dimensiones fundamentales de la condición de los elementos viales: la funcional, la superficial o de deterioro y la estructural. No se trata, por tanto, de mirar solo una de ellas —como suele ocurrir en muchos sistemas tradicionales—, sino de leerlas en conjunto. Esa lectura integrada obliga a que las intervenciones cautelen la integridad completa del activo y no se reduzcan a soluciones parciales o de corto plazo.

La segunda pregunta se centró en el componente estructural del modelo, especialmente en el uso de un índice estructural mecanístico basado en el análisis del cuenco de deflexiones medido con FWD. Este índice se establece mediante un procedimiento que empieza con el análisis directo de las mediciones (forward calculation), para luego determinar el Número Estructural Efectivo y relacionarlo con el Número Estructural Requerido, expresado en porcentaje. Dicho de manera simple, SEFACE incorpora una complejidad metodológica importante, pero la traduce en una lectura operativa que puede ser comprendida, comparada y utilizada dentro de un proceso de decisión.

Una propuesta abierta, no un dogma metodológico

SEFACE plantea precisamente una contribución en esa dirección: un modelo de decisión que relaciona el estado del activo con la intervención. Su valor no está en competir con los sistemas de medición, sino en complementarlos. No reemplaza los relevamientos, utiliza lo que ya se mide y les da sentido. No elimina la necesidad de tecnología, la obliga a responder a una finalidad superior.

SEFACE, por supuesto, no se presenta como el culmen de la perfección metodológica. Es un modelo propuesto, abierto a revisión, contraste y mejora. Su valor está en ofrecer una lógica de decisión clara, sencilla y operativa, susceptible de ser enriquecida con los aportes de la academia, los organismos públicos, los consultores, los concesionarios, las empresas tecnológicas y los demás actores de la industria vial. Pero esa necesaria apertura al perfeccionamiento no debe inmovilizar la acción. Como recuerda el conocido aforismo atribuido a Voltaire, “lo perfecto es enemigo de lo bueno”. En gestión de activos viales, esperar el modelo perfecto puede significar seguir tomando decisiones incompletas con sistemas que ya sabemos insuficientes.

La lección para América Latina

En ese sentido, la experiencia de Montevideo deja una lección importante para América Latina. La región no necesita únicamente medir más carreteras. Necesita decidir mejor sobre ellas. No necesita solamente bases de información más grandes. Necesita modelos que traduzcan la información en acciones concretas. No necesita una gestión vial obsesionada con la captura de registros, sino una gestión de activos orientada a preservar valor, optimizar recursos y sostener la funcionalidad de la red vial en el tiempo.

La verdadera inteligencia no consiste en medirlo todo, sino en saber qué debe medirse y emplear esas mediciones para decidir mejor

Y allí es donde SEFACE ofrece una contribución concreta: ordenar la información, interpretar el estado multidimensional del activo vial y vincularlo con una intervención técnicamente justificada. Esa es la diferencia entre mirar la infraestructura y gestionarla.

Medir no es gestionar

Después de Montevideo, la conclusión parece clara: la gestión inteligente de activos viales debe avanzar hacia dos objetivos complementarios: medir solo lo necesario para calificar integralmente el activo y desarrollar modelos de decisión cada vez más sólidos y técnicamente sustentados.

Porque al final, una carretera no necesita únicamente que la midan mejor. Necesita que, a partir de lo que se mida, alguien decida correctamente qué hacer con ella.

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