EL NIÑO 2026-2027: LA AMENAZA BAJO VIGILANCIA

Datos, pronósticos y decisiones para América Latina

Ingeniería CivilEd. Web

Resumen

Este año 2026 se desarrolla un nuevo episodio del Fenómeno El Niño. El proceso comenzó con un intenso calentamiento del mar frente a las costas de Ecuador y el Perú, que posteriormente se ha venido extendiendo hacia el Pacífico ecuatorial central. Los cambios registrados tanto en el océano como en la atmósfera muestran que el fenómeno continúa fortaleciéndose. Los pronósticos indican que podría prolongarse hasta el primer trimestre de 2027 y que sus efectos podrían intensificarse durante los próximos meses.

El monitoreo efectuado por las instituciones especializadas muestra la rapidez de esta evolución. El 20 de mayo de 2026, la temperatura superficial del mar se encontraba 2.1 °C por encima de su promedio climatológico frente a Ecuador y el Perú y 0.9 °C por encima de ese promedio en el Pacífico central. Para la segunda semana de julio, estas diferencias habían aumentado a 3.4 °C y 2.0 °C, respectivamente. El pronóstico oficial peruano estima que, durante el verano comprendido entre diciembre de 2026 y marzo de 2027, existe una probabilidad de 71 % de que El Niño Costero alcance una magnitud fuerte o extraordinaria y de 72 % de que El Niño en el Pacífico central alcance una magnitud fuerte o muy fuerte.

El artículo explica cómo se desarrolla el Fenómeno El Niño, qué instituciones lo vigilan, qué muestra el seguimiento efectuado y cuáles son sus posibles efectos en las distintas regiones de América Latina. El fenómeno ya está presente y continúa fortaleciéndose. La incertidumbre ya no se refiere a su ocurrencia, sino al grado de intensificación que alcanzará durante los próximos meses y, especialmente, a la magnitud y localización de sus impactos. Su presencia y los pronósticos sobre sus probables efectos, sustentados en los indicadores actuales y en su comparación con episodios pasados, obligan desde ahora a adoptar las previsiones necesarias en los distintos ámbitos y regiones mediante decisiones oportunas, sin esperar a que el fenómeno alcance una mayor intensidad y se reduzca la posibilidad de mitigar sus efectos perjudiciales.

Palabras clave. ENOS, El Niño, El Niño Costero, Niño 1+2, Niño 3.4, infraestructura vial, gestión del riesgo, América Latina.

Introducción

El Fenómeno El Niño ya se encuentra en desarrollo en el Pacífico tropical. En su actualización del 31 de julio de 2026, la Organización Meteorológica Mundial —OMM— informa que un episodio fuerte continúa intensificándose y que se prevé que domine los patrones climáticos mundiales durante agosto-octubre. Los diagnósticos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de los Estados Unidos —NOAA, por sus siglas en inglés— y de la Comisión Multisectorial encargada del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño —ENFEN— muestran la misma evolución: aumento de la temperatura superficial del mar —TSM— en el Pacífico central y oriental, incremento del calor subsuperficial, debilitamiento de los alisios, propagación de ondas Kelvin cálidas y una respuesta atmosférica cada vez más definida [1]-[3].

El proceso se encuentra establecido frente a Ecuador y el Perú, donde se manifiesta como El Niño Costero. Desde esa región, el calentamiento se extiende hacia el Pacífico ecuatorial central. La discusión ya no se refiere a la posibilidad de que El Niño aparezca, sino al grado en que continuará intensificándose durante los próximos meses y a la magnitud y distribución territorial de sus efectos [1]-[3].

Para valorar esta evolución es necesario comprender qué es El Niño, cómo se desarrolla, quiénes lo vigilan, qué datos demuestran su presencia actual y qué significan las probabilidades difundidas por los organismos especializados.

Qué es El Niño y cómo se desarrolla

El Niño es la fase cálida de un fenómeno natural de interacción entre el océano y la atmósfera denominado El Niño–Oscilación del Sur —ENOS; ENSO, por sus siglas en inglés—. El sistema comprende también una fase fría, conocida como La Niña, y periodos intermedios denominados neutrales. Su núcleo se encuentra en el Pacífico tropical, pero sus efectos pueden alcanzar regiones alejadas mediante alteraciones de la circulación atmosférica mundial [4]-[6].

El conocimiento científico permite describir con bastante detalle los procesos oceánicos y atmosféricos que acompañan el desarrollo del Fenómeno El Niño. Sin embargo, no existe una explicación única que permita establecer por qué se inicia cada episodio, por qué algunos llegan a consolidarse y otros se debilitan, ni qué intensidad alcanzarán. Debido a ello, la ocurrencia de un nuevo episodio y la intensidad que podría alcanzar solo pueden anticiparse en términos probabilísticos. La confiabilidad del pronóstico aumenta conforme las señales del océano y de la atmósfera aparecen, persisten y evolucionan de manera coherente [4].

El Pacífico en condiciones normales

Los vientos alisios soplan sobre el Pacífico ecuatorial predominantemente de este a oeste. Estos vientos empujan las aguas superficiales cálidas hacia el Pacífico occidental, donde se acumulan principalmente alrededor de Indonesia, Papúa Nueva Guinea y los mares situados al norte de Australia, formando una extensa piscina cálida. Frente a Sudamérica, el desplazamiento de las aguas superficiales facilita el ascenso de aguas profundas, frías y ricas en nutrientes. Este proceso, denominado afloramiento, contribuye decisivamente a la extraordinaria riqueza marina del mar peruano [5]-[6].

La distribución del agua determina también la posición de la termoclina, franja de transición entre las aguas cálidas superficiales y las aguas frías profundas. En el Pacífico occidental, la capa cálida es más gruesa y la termoclina se encuentra a mayor profundidad. En el Pacífico oriental, la capa cálida es más delgada y la termoclina está más próxima a la superficie. En sentido longitudinal, a lo largo del Pacífico ecuatorial, la termoclina presenta una pendiente ascendente desde el oeste hacia Sudamérica [5]-[6].

La atmósfera responde a ese contraste térmico. Sobre la piscina cálida del Pacífico occidental, la intensa evaporación aporta calor y humedad al aire. Al ascender, este se expande y se enfría adiabáticamente hasta alcanzar la saturación; entonces, el vapor de agua se condensa, forma grandes sistemas nubosos y genera lluvias abundantes. Este proceso ocurre en una zona donde predomina una presión atmosférica relativamente baja en superficie. En el Pacífico oriental, el mar más frío limita la evaporación y la convección profunda. El aire desciende sobre esas aguas, donde predominan una presión atmosférica relativamente alta en superficie, menor nubosidad y condiciones más secas [5].

Cerca de la superficie, el aire se desplaza desde la zona de mayor presión del Pacífico oriental hacia la de menor presión del occidental, sosteniendo los vientos alisios. En altura, el flujo de aire retorna hacia el este. Este circuito atmosférico longitudinal recibe el nombre de circulación de Walker. Los alisios acumulan el agua cálida en el oeste y favorecen el afloramiento frío en el este, mientras el contraste de temperaturas y presiones sostiene los propios alisios. Océano y atmósfera forman así un sistema acoplado que se refuerza a sí mismo [5].

El desarrollo del Fenómeno El Niño

En los episodios del fenómeno El Niño que llegan a consolidarse, esta configuración comienza a alterarse. Los vientos alisios se debilitan de manera persistente y pueden aparecer pulsos de viento del oeste. Parte del agua cálida acumulada en el Pacífico occidental se desplaza hacia el centro y el este, mientras perturbaciones de la capa superior del océano se propagan hacia Sudamérica mediante ondas Kelvin cálidas, que profundizan la termoclina y elevan el nivel del mar a lo largo de su recorrido [4]-[5].

Al profundizarse la termoclina en el Pacífico oriental, las aguas frías quedan más alejadas de la superficie. El afloramiento puede continuar, pero lleva hacia arriba aguas menos frías que las habituales. El océano central y oriental comienza entonces a calentarse [5].

Ese calentamiento modifica la distribución de las presiones atmosféricas. La presión disminuye relativamente en el Pacífico central y oriental y aumenta en el occidental. El gradiente de presión se reduce, los alisios se debilitan aún más y una mayor cantidad de agua cálida puede desplazarse hacia el este. Esta realimentación entre la temperatura del mar, la presión y los vientos constituye el núcleo físico del desarrollo del Fenómeno El Niño. La expresión Oscilación del Sur designa la fluctuación opuesta de las presiones en ambos extremos del Pacífico tropical [5].

El desplazamiento hacia el este de las aguas cálidas y de las zonas de convección modifica una de las principales fuentes de calentamiento de la atmósfera tropical. Esta alteración genera ondas atmosféricas de gran escala, desplaza las corrientes “en chorro” —jet streams, bandas de vientos muy intensos que circulan en las capas altas de la atmósfera— y cambia las trayectorias de las tormentas en regiones alejadas. Estas conexiones a distancia reciben el nombre de teleconexiones y explican por qué El Niño puede favorecer lluvias en unas partes del mundo y sequías en otras [5]-[6].

El diagnóstico y el alcance del fenómeno

El Fenómeno El Niño comprende mucho más que un aumento de la temperatura superficial del mar. Su diagnóstico requiere una evolución coherente de las temperaturas superficiales y subsuperficiales, la termoclina, el nivel del mar, los vientos, las presiones, las corrientes, la nubosidad y las precipitaciones tropicales. Un calentamiento aislado o transitorio no basta para demostrar que el sistema océano-atmósfera llegará a consolidarse [5]-[6].

La vigilancia distingue entre señales precursoras, condiciones en desarrollo y un evento establecido conforme a criterios operacionales. Antes de que las observaciones muestren una evolución persistente y coherente, solo pueden formularse pronósticos con distintos grados de probabilidad. Una vez establecido el episodio, continúa existiendo incertidumbre sobre la intensidad que alcanzará y, especialmente, sobre la magnitud y distribución territorial de sus impactos [4], [7].

Para su seguimiento, el Pacífico ecuatorial se divide convencionalmente en distintas regiones. La región Niño 1+2 reúne las antiguas zonas Niño 1 y Niño 2, situadas frente a Ecuador y a la costa norte del Perú, y abarca aproximadamente entre 0° y 10°S y entre 90° y 80°W. La región Niño 3.4 corresponde a una franja del Pacífico ecuatorial central, entre 5°N y 5°S y entre 170° y 120°W, que se superpone parcialmente con las regiones Niño 3 y Niño 4. Estas denominaciones identifican áreas geográficas y no expresan la intensidad del fenómeno. Como se trata de una denominación internacional y no de una cifra decimal, se escribe Niño 3.4, con punto [8].

La región Niño 3.4 constituye la principal referencia para evaluar El Niño de alcance global. La región Niño 1+2 es especialmente importante para Ecuador y el Perú, porque permite seguir el calentamiento del extremo oriental del Pacífico y caracterizar El Niño Costero. Ambos procesos pueden coincidir, pero también pueden desarrollarse con diferente intensidad o en momentos distintos. Por ello, un calentamiento intenso frente al Perú no confirma por sí solo un El Niño de alcance global, y un evento cálido en el Pacífico central no determina automáticamente lluvias extraordinarias sobre la costa peruana [7]-[8].

La vigilancia del Fenómeno El Niño

La vigilancia internacional

El Niño es uno de los fenómenos climáticos más observados del planeta. Su vigilancia descansa sobre una arquitectura internacional que registra continuamente el comportamiento del océano y de la atmósfera, procesa grandes volúmenes de observaciones, ejecuta modelos climáticos y somete sus resultados al análisis de especialistas [1], [9].

El primer nivel está constituido por los instrumentos. La red de boyas Tropical Atmosphere Ocean —TAO—, distribuida a lo largo del Pacífico ecuatorial, fue concebida específicamente para comprender y pronosticar las variaciones relacionadas con el ENOS. Sus estaciones registran temperaturas superficiales y subsuperficiales, vientos, corrientes y otras variables oceánicas y meteorológicas [9]. 

A esta red se suman los flotadores Argo, boyas derivantes, satélites, mareógrafos, buques oceanográficos y estaciones meteorológicas. Los satélites describen la extensión del calentamiento superficial, el nivel del mar, los vientos y la nubosidad. Los instrumentos instalados dentro del océano permiten observar el calor almacenado, la profundidad de la termoclina y la propagación de ondas oceánicas, variables que todavía pueden no aparecer claramente en la superficie [9].

Los datos llegan a centros climáticos como el Climate Prediction Center de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de los Estados Unidos —NOAA, por sus siglas en inglés—, el Centro Europeo de Predicción Meteorológica a Plazo Medio, la Agencia Meteorológica de Japón y la Oficina de Meteorología de Australia. La Organización Meteorológica Mundial integra las evaluaciones de los principales centros productores y elabora actualizaciones de alcance mundial

[1], [9]. 

La predicción no surge de la lectura de un solo indicador. Los centros analizan conjuntamente la temperatura superficial y subsuperficial, el calor almacenado en la columna oceánica, la profundidad de la termoclina, las anomalías del nivel del mar, la intensidad de los vientos alisios, los pulsos de viento del oeste, las diferencias de presión, las corrientes ecuatoriales y la distribución de la nubosidad y las lluvias tropicales [1], [9].

Los modelos parten de esas condiciones observadas y producen numerosas trayectorias posibles. La dispersión de los resultados muestra cuánto difieren los escenarios simulados. Conforme avanzan los meses y se incorporan nuevas observaciones, los pronósticos se actualizan [1], [9].

La vigilancia desde el Perú

En el Perú, la instancia científica responsable es la Comisión Multisectorial encargada del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño —ENFEN—. Su función resulta especialmente importante porque los diagnósticos globales se concentran principalmente en la región Niño 3.4, mientras el país necesita observar también la región Niño 1+2, el litoral peruano y las condiciones atmosféricas e hidrológicas del territorio [2], [7], [10].

El ENFEN está integrado por el Instituto del Mar del Perú —IMARPE—, el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología —SENAMHI—, la Dirección de Hidrografía y Navegación — DIHIDRONAV—, el Instituto Geofísico del Perú —IGP—, la Autoridad Nacional del Agua — ANA—, el Instituto Nacional de Defensa Civil —INDECI— y el Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres —CENEPRED— [2], [10]. 

Cada institución observa una parte del sistema. IMARPE estudia las condiciones oceanográficas, la dinámica del ecosistema marino y el comportamiento de los recursos pesqueros. SENAMHI analiza la atmósfera, las temperaturas y las precipitaciones. DIHIDRONAV aporta información marítima y del nivel del mar. El IGP estudia la dinámica del ENOS, las ondas Kelvin y los modelos de pronóstico. La ANA monitorea las condiciones hidrológicas de ríos, cuencas y embalses; CENEPRED formula escenarios de riesgo; e INDECI participa en la preparación y respuesta frente a emergencias [2], [10].

Los informes técnicos del ENFEN combinan observaciones directas, información satelital, reanálisis, modelos nacionales, modelos internacionales y juicio experto. Las probabilidades publicadas no son la reproducción automática de una salida informática. Los especialistas contrastan los modelos con la evolución física observada, sus antecedentes y sus limitaciones, discuten los escenarios y alcanzan una evaluación colegiada [2], [10].

La cadena de vigilancia articula cinco funciones. Los instrumentos miden; los centros procesan; los modelos proyectan; los especialistas interpretan; y las autoridades deciden.

El último eslabón es decisivo. El ENFEN puede advertir que aumenta la probabilidad de lluvias superiores a lo normal, pero no puede retirar sedimentos de cauces, drenes y alcantarillas; reforzar un puente; estabilizar un talud; ni garantizar la continuidad de una carretera. La información climática adquiere valor cuando se transforma oportunamente en decisiones sobre activos y territorios concretos.

La amenaza 2026-2027

La evolución observada durante 2026 confirma dos procesos relacionados que ya se encuentran en desarrollo. El Niño Costero, asociado al calentamiento de la región Niño 1+2, se estableció primero frente a Ecuador y el Perú. Posteriormente, el calentamiento se extiende hacia la región Niño 3.4 del Pacífico ecuatorial central y está acompañado por la respuesta atmosférica que caracteriza al ENOS de alcance global [1]-[3], [10].

La presencia actual del fenómeno se sustenta en la coincidencia de señales oceánicas y atmosféricas. El calentamiento superficial y subsuperficial, el ascenso del nivel del mar, los pulsos de viento del oeste, las corrientes hacia el este, las ondas Kelvin cálidas y el desplazamiento de la convección muestran una evolución conjunta del sistema [1]-[3], [10].

Seguimiento cuantitativo y espacial del calentamiento oceánico

El seguimiento del episodio del fenómeno El Niño en desarrollo debe mostrar no solo valores aislados, sino también la evolución temporal y la distribución espacial del calentamiento. La comparación entre las regiones Niño 1+2 y Niño 3.4 permite apreciar con mayor precisión cómo el aumento de la temperatura superficial del mar se manifestó primero con mayor intensidad en el extremo oriental del Pacífico y posteriormente se ha extendido hacia el centro de la cuenca. Entre el 20 de mayo y la segunda semana de julio, según se indica en la Tabla 1, la anomalía de Niño 1+2 aumentó 1.3 °C, mientras la de Niño 3.4 aumentó 1.1 °C [2], [10]. 

El valor alcanzado frente a Sudamérica muestra la intensidad del calentamiento costero. Para valorar la evolución global, sin embargo, resulta especialmente significativa la progresión de la anomalía en la región Niño 3.4, que pasó por +0.9 °C, +1.0 °C, +1.3 °C, +1.5 °C, +1.7 °C y +2.0 °C (ver Tabla 1). El calentamiento ha dejado de estar concentrado en el extremo oriental y se extiende y fortalece en el centro de la cuenca [2], [10].

Para seguir la evolución del calentamiento, el ENFEN presenta distintos índices basados en promedios móviles de tres meses de la temperatura superficial del mar. El Índice Costero El Niño —ICEN— corresponde a la región Niño 1+2 y permite caracterizar las condiciones frente a Ecuador y el Perú. Para la región Niño 3.4, en el Pacífico ecuatorial central, se emplea el Índice Relativo Oceánico El Niño —RONI—, que descuenta el calentamiento medio de los océanos tropicales. Los informes incluyen también el Índice Oceánico El Niño —ONI—, indicador tradicional calculado para la misma región, pero sin efectuar esa corrección. Cuando se trata del mes más reciente, los valores se presentan como temporales porque todavía incorporan estimaciones provisionales.

Tabla 1. Evolución de las anomalías semanales de la temperatura superficial del mar

Fecha de 2026Niño 1+2 Pacífico orientalNiño 3.4 Pacífico centralDiferencia Niño 1+2 – Niño 3.4
20 de mayo+2.1 °C+0.9 °C+1.2 °C
27 de mayo+2.2 °C+1.0 °C+1.2 °C
3 de junio+2.6 °C+1.3 °C+1.3 °C
10 de junio+2.7 °C+1.5 °C+1.2 °C
17 de junio+3.0 °C+1.7 °C+1.3 °C
Segunda semana de julio+3.4 °C+2.0 °C+1.4 °C
Fuente: Informes técnicos ENFEN del 24 de junio y del 15 de julio de 2026 [2], [10].

Estos índices muestran la misma secuencia. En abril, el ICEN ya se encontraba en la categoría cálida moderada, mientras el RONI permanecía neutral. Para junio, los valores temporales ubicaban al ICEN en la categoría cálida fuerte y al RONI en la categoría cálida débil. El ONI temporal, presentado como referencia complementaria, alcanzaba la categoría cálida moderada [2], [10]. El Niño Costero se desarrolló primero. El Niño del Pacífico central se encuentra ahora en proceso de consolidación [2], [10].

Tabla 2. Estadísticos descriptivos de las anomalías semanales observadas

IndicadorNiño 1+2Niño 3.4
Mínimo observado+2.1 °C+0.9 °C
Máximo observado+3.4 °C+2.0 °C
Media de las seis mediciones+2.67 °C+1.40 °C
Mediana+2.65 °C+1.40 °C
Incremento total+1.3 °C+1.1 °C
Incremento relativo+61.9 %+122.2 %
Fuente: Elaboración propia con datos de los informes técnicos ENFEN al 24 de junio y al 15 de julio de 2026 [2], [10].

Los estadísticos descriptivos mostrados en la Tabla 2 confirman que ambas regiones siguieron una trayectoria ascendente durante el periodo considerado. Aunque el incremento absoluto fue ligeramente mayor en Niño 1+2, el crecimiento relativo de Niño 3.4 fue superior porque partió de una anomalía inicial más baja. Esta diferencia muestra la rapidez con la que el calentamiento del Pacífico central comenzó a aproximarse al patrón previamente establecido en el extremo oriental.

nino vigilancia 1
Figura 1. Evolución temporal de las anomalías de TSM en las regiones Niño 1+2 y Niño 3.4. Fuente: Elaboración propia con datos de los informes técnicos ENFEN al 24 de junio y al 15 de julio de 2026 [2], [10].

Las dos curvas mostradas en la Figura 1 mantienen una pendiente ascendente durante el periodo analizado. Niño 1+2 conserva las anomalías más altas en todas las mediciones, pero Niño 3.4 aumenta de manera continua desde +0.9 °C hasta +2.0 °C. La evolución conjunta permite observar que el calentamiento ha dejado de ser únicamente costero y adquiere una expresión cada vez más clara en el Pacífico ecuatorial central.

nino vigilancia 2
Figura 2. Distribución planimétrica de las anomalías relativas de TSM en el Pacífico tropical y delimitación de las regiones Niño 1+2 y Niño 3.4. Fuente: Adaptado de NOAA Climate Prediction Center, ENSO: Recent Evolution, Current Status and Predictions, versión PowerPoint, actualización del 3 de agosto de 2026, diapositiva 6 [27]. Los recuadros de Niño 1+2 y Niño 3.4 fueron incorporados para facilitar la lectura.

La representación planimétrica que se presenta en la Figura 2 muestra que las anomalías positivas se extendían desde el Pacífico central hasta la costa sudamericana, con los mayores valores concentrados en el extremo oriental. La región Niño 3.4 abarca una parte extensa de la franja cálida ecuatorial, mientras Niño 1+2 intercepta el núcleo de mayor intensidad frente a Ecuador y el Perú. El mapa utiliza anomalías relativas calculadas por la NOAA; por ello, sus valores no deben compararse directamente con las anomalías tradicionales del ENFEN incluidas en las tablas, aunque ambos productos describen una distribución espacial coherente del calentamiento.

En conjunto, la serie estadística (Tabla 1), el gráfico temporal (Figura 1) y la distribución planimétrica (Figura 2) sustentan con mayor claridad una secuencia de intensificación y ampliación espacial. El calentamiento se manifestó primero con mayor fuerza en Niño 1+2 y posteriormente ha adquirido una expresión creciente en Niño 3.4, reforzando la interpretación de un episodio que ya no se encuentra limitado al litoral sudamericano.

La temperatura superficial describe solamente una parte del proceso. Las observaciones muestran que el calentamiento alcanzó una extensión vertical y geográfica considerable [2].

A mediados de julio se registraban anomalías de hasta +5 °C cerca de Sudamérica; valores de entre +3 °C y +6 °C próximos al litoral peruano; anomalías subsuperficiales de hasta +7 °C en los primeros 50 metros frente a la costa norte; y anomalías térmicas positivas que, en determinados sectores, se extendían hasta profundidades de 300 a 400 metros [2].

El nivel del mar presentaba anomalías superiores a +20 centímetros y alcanzaba aproximadamente +30 centímetros frente a la isla Lobos de Afuera. La ola de calor marina cubría al 12 de julio unos 408,000 km², equivalentes al 92.93 % de la franja marítima evaluada entre los 4°S y 18.5°S [2]. 

La temperatura del aire también aumentó. Durante la primera decena de julio se registraron diferencias diarias de temperatura máxima de +6.8 °C en Jayanca y +6.6 °C en Huarmey. Las temperaturas mínimas presentaron diferencias de hasta +6.4 °C respecto de sus valores habituales, y algunas estaciones establecieron nuevos récords para julio [2].

En Lima Metropolitana y el Callao, la persistencia del calor constituye una manifestación visible de El Niño Costero en pleno invierno. El SENAMHI informó el 15 de julio que ambas zonas acumulaban 70 noches consecutivas con temperaturas superiores a lo normal y diferencias de hasta 5.0 °C. En el Callao, las temperaturas nocturnas se situaban entre 20.0 °C y 21.6 °C, frente a un valor habitual de 16.0 °C para julio. El episodio actual comenzó el 6 de mayo, mientras que la secuencia de noches cálidas observada durante El Niño de 2023 se inició en junio [11].

La presencia de calor a profundidad demuestra que el fenómeno no corresponde únicamente a una fluctuación superficial susceptible de desaparecer con unos pocos días de vientos más intensos. Existe una importante reserva térmica dentro del océano [2].

El sistema marino ya muestra alteraciones biológico-pesqueras. Frente a la costa norte y central del Perú, las condiciones ambientales anómalas concentran cardúmenes de anchoveta adulta y juvenil dentro de las 20 millas náuticas del litoral. El ENFEN prevé, además, que el recurso continúe desplazándose hacia la costa y a profundidades mayores de lo normal, mientras aumenta la presencia de especies indicadoras de aguas ecuatoriales y oceánicas.

La primera temporada de pesca de 2026 del stock norte-centro de anchoveta —unidad poblacional que se extiende aproximadamente desde Zorritos hasta Pisco— fue suspendida el 11 de junio. Hasta el día anterior se habían desembarcado 469 275 toneladas de anchoveta, equivalentes al 24.61 % del Límite Máximo Total de Captura Permisible, establecido en 1’914,049 toneladas para esa temporada. Estos hechos muestran que El Niño Costero ya está alterando el ecosistema marino y afectando la actividad pesquera [2], [10].

El acoplamiento océano-atmósfera

Durante junio y julio de 2026 se han registrado pulsos de viento del oeste sobre el Pacífico occidental y central, acompañados por el debilitamiento temporal de los alisios y el fortalecimiento de las corrientes ecuatoriales hacia el este. Estas condiciones favorecen la propagación de sucesivas ondas Kelvin cálidas, la profundización de la termoclina y el aumento del contenido de calor bajo la superficie del océano [2], [10].

Desde mediados de junio también se observa una mayor divergencia atmosférica en altura y un incremento de la actividad convectiva sobre el Pacífico central. El informe del ENFEN del 15 de julio interpreta esta evolución como una posible respuesta de la atmósfera al calentamiento de la región Niño 3.4 [2].

La NOAA ha registrado señales semejantes en su diagnóstico del 9 de julio: anomalías de viento del oeste, una onda Kelvin cálida, mayor contenido de calor subsuperficial y una intensificación de la convección sobre el Pacífico central y oriental [3].

La concurrencia de estas señales muestra que el calentamiento ya no permanece limitado al océano. La atmósfera responde mediante cambios en los vientos y en la actividad convectiva, configurando un acoplamiento creciente entre ambos componentes del sistema. Esta respuesta conjunta constituye una evidencia más sólida del fortalecimiento de El Niño que cualquier aumento aislado de la temperatura superficial del mar [2], [3], [10].

Las referencias de 1982-1983 y 1997-1998

Los episodios de 1982-1983 y 1997-1998 constituyen las principales referencias históricas para interpretar el riesgo de un Fenómeno El Niño de gran intensidad en el Perú. El Instituto Geofísico del Perú los identifica como eventos El Niño globales extremos del Pacífico oriental, caracterizados por una interacción océano-atmósfera amplificada [12]. Ambos produjeron fuertes impactos sobre la infraestructura, la agricultura, la pesca y otras actividades del país.

El episodio de 1997-1998 fue, según varios indicadores, el más intenso registrado hasta entonces y se desarrolló con extraordinaria rapidez. Entre junio y diciembre de 1997 se establecieron sucesivos récords mensuales de temperatura superficial del mar en el Pacífico ecuatorial oriental. Asimismo, los demás indicadores mostraron que el acoplamiento entre el océano y la atmósfera se había consolidado [13].

Los daños económicos permiten apreciar la escala alcanzada por ambos episodios. El SENAMHI estima pérdidas totales de US$ 3,283 millones durante 1982-1983 y de US$ 3,500 millones durante 1997-1998 [14]. Estas cifras muestran las consecuencias que puede tener un episodio extremo cuando afecta simultáneamente la infraestructura y las principales actividades económicas del país [12], [14].

Estos antecedentes, si bien no permiten afirmar que el episodio de 2026-2027 seguirá la misma evolución ni que producirá daños equivalentes, sí constituyen una referencia empírica para interpretar los indicadores actuales. La experiencia muestra que, cuando el calentamiento costero y el del Pacífico central evolucionan conjuntamente y se fortalece el acoplamiento océanoatmósfera, los impactos pueden alcanzar una escala extraordinaria. La comparación con los episodios de 1982-1983 y 1997-1998 justifica, por tanto, la adopción de medidas antes de que el fenómeno alcance una intensidad mayor [12]-[14].

La evolución del fenómeno en 2026

La rapidez con la que aumentaron las anomalías obligó al ENFEN a revisar sucesivamente sus previsiones [15]-[18].

Tabla 3. Evolución del pronóstico oficial del ENFEN en 2026

Fecha del comunicadoEl Niño Costero, Niño 1+2El Niño central, Niño 3.4
29 de mayoMayor probabilidad de magnitud moderadaMayor probabilidad de magnitud débil
15 de junioFuerte entre junio y septiembreFuerte hacia noviembre y diciembre
26 de junioFuerte hasta octubreFuerte entre agosto de 2026 y febrero de 2027
17 de julioFuerte; sin descartarse extraordinario hacia finales de 2026Muy fuerte en noviembre y diciembre
Fuente: Comunicados oficiales ENFEN N° 10, 11, 12 y 13-2026 [15]-[18].

Conforme se indica en la Tabla 3, en apenas siete semanas, el escenario pasó de un Niño Costero moderado y un Niño central débil a la posibilidad de un Niño Costero extraordinario y un Niño central muy fuerte [15]-[18].

El cambio respondió a una evolución real de las observaciones. Aumentaron las temperaturas superficiales, el calor subsuperficial, las anomalías del nivel del mar, los pulsos del oeste, las ondas Kelvin y la respuesta convectiva. El sistema se intensificó más rápidamente de lo previsto inicialmente [2]-[3], [10], [15]-[18].

La magnitud de los resultados también evidencia las limitaciones de los pronósticos cuando son realizados con varios meses de anticipación. Las condiciones iniciales cambian, los modelos tienen sesgos y el acoplamiento entre el océano y la atmósfera puede acelerarse o frenarse por perturbaciones que no siempre son previsibles [4]-[5].

La actualización de un pronóstico no representa por sí misma una falla científica. Es la consecuencia natural de incorporar nueva información sobre un evento global altamente impredecible. Sin embargo, obliga a distinguir cuidadosamente entre el estado observado y el escenario proyectado [4]-[5].

Tabla 4. Magnitudes previstas por el ENFEN para diciembre de 2026-marzo de 2027

MagnitudEl Niño CosteroEl Niño Global
Neutral0 %0 %
Débil6 %5 %
Moderado23 %23 %
Fuerte38 %42 %
Extraordinario (Costero) / Muy fuerte (central)33 %30 %
Fuente: Comunicado Oficial ENFEN N° 13-2026 [18].

Conforme se muestra en la Tabla 4, la probabilidad conjunta de un Niño Costero fuerte o extraordinario alcanza 71 %. Para el Pacífico central, la probabilidad conjunta de un evento fuerte o muy fuerte alcanza 72 % [18].

Asimismo, la Tabla 4 muestra que las categorías débil y moderada conservan una probabilidad conjunta de 29 % en Niño 1+2 y de 28 % en Niño 3.4. El escenario de gran intensidad es claramente predominante, pero todavía no constituye una certeza [18].

La NOAA estima una probabilidad de 97 % de que El Niño continúe hasta comienzos de la primavera boreal de 2027 y de 81 % de que alcance la categoría muy fuerte durante octubrediciembre de 2026 [3]. 

Las cifras de NOAA y ENFEN no son directamente intercambiables, pues utilizan índices, umbrales, periodos y procedimientos distintos. Sin embargo, coinciden en que El Niño se encuentra establecido y fortaleciéndose, su continuidad hasta comienzos de 2027 es altamente probable y un episodio de gran magnitud constituye actualmente el escenario dominante [1], [3], [18].

En su actualización del 31 de julio de 2026, la Organización Meteorológica Mundial señala que un El Niño fuerte continúa desarrollándose y que el ensamble multimodelo proyecta una anomalía estacional media cercana a +2.9 °C para agosto-octubre de 2026, con una intensificación que alcanzaría su máximo en noviembre [1].

El sistema conserva mecanismos capaces de limitar su desarrollo. Una recuperación persistente de los vientos alisios, el arribo de ondas Kelvin frías, una respuesta convectiva menor o la redistribución del calor subsuperficial podrían reducir su intensidad [4]-[5].

Esa posibilidad aparece reflejada en las probabilidades conjuntas de 29 % para Niño 1+2 y de 28 % para Niño 3.4 que el ENFEN asigna a las categorías débil y moderada [18]. La magnitud final podría ser menor que la proyectada [18].

La posibilidad de que todo desaparezca antes del verano y el Pacífico vuelva rápidamente a condiciones neutrales es, en cambio, muy reducida. El ENFEN asigna 0 % al escenario neutral para ese periodo, mientras la NOAA estima una probabilidad de 97 % de que El Niño persista hasta comienzos de la primavera boreal de 2027 [3], [18].

Además, la expresión “que no pase nada” ya no describe una alternativa real. El calentamiento costero, la ola de calor marina, las temperaturas excepcionales, el desplazamiento de especies y la alteración de la pesca ya están ocurriendo [2], [10].

La incertidumbre decisiva se encuentra en la relación entre la magnitud del calentamiento oceánico y sus efectos. Un Niño fuerte no equivale automáticamente a lluvias, inundaciones o daños de intensidad equivalente [1], [3].

Las categorías fuerte, muy fuerte o extraordinaria describen principalmente la magnitud térmica del océano. No representan una escala directa de precipitaciones, caudales, deslizamientos, puentes destruidos o pérdidas económicas [1], [3].

Incluso los episodios más intensos pueden producir respuestas diferentes entre regiones y entre eventos históricos. La intensidad aumenta la probabilidad de determinados efectos, pero no determina por sí sola el comportamiento de una cuenca, una ciudad o una carretera [3]. 

Una amenaza diferente para cada región de América Latina

El Niño reorganiza la circulación atmosférica y redistribuye las lluvias. América Latina no enfrentará una sola amenaza ni una respuesta uniforme [1], [5].

Ecuador y el Perú

La costa de Ecuador y el norte y centro del Perú mantienen una relación particularmente directa con la temperatura del Pacífico oriental. Cuando el mar costero permanece cálido durante el verano austral, aumenta la evaporación, se incrementa la humedad disponible y se favorece la convección próxima al continente [5], [18].

El ENFEN considera que para el verano 2026-2027 el escenario de lluvias más probable es superior a lo normal en la costa norte y central del Perú. En la región andina central y sur serían más probables condiciones normales o inferiores [18]. 

Dentro de un mismo país podrían coincidir, por tanto, inundaciones costeras y déficits de lluvia en sectores andinos [18].

Centroamérica, el Caribe y el norte de Sudamérica

En Centroamérica, el Caribe y el norte de Sudamérica, El Niño suele favorecer temperaturas elevadas y precipitaciones inferiores a lo normal. Estas condiciones pueden reducir caudales y reservas de agua, afectar la agricultura y la generación hidroeléctrica, y aumentar el riesgo de incendios. Una temporada con déficit de lluvia no excluye tormentas intensas capaces de producir inundaciones y deslizamientos localizados [1], [5].

En su actualización del 31 de julio de 2026, la Organización Meteorológica Mundial indica una mayor probabilidad de precipitaciones inferiores a lo normal durante agosto-octubre en el sur de Centroamérica, partes del Caribe y el noroeste de Sudamérica. La organización destaca que este pronóstico ofrece una oportunidad para anticipar riesgos y orientar decisiones en los sectores sensibles al clima [1].

En Puerto Rico, esta señal regional coincide con una sequía ya observable. El sistema estadounidense de información sobre sequías informó el 23 de julio que San Juan atravesaba su julio más seco registrado y que el descenso de las aguas superficiales y subterráneas ya provocaba restricciones para usuarios agrícolas y algunas comunidades [19]. El 1 de agosto, el embalse Carraízo, que abastece al área metropolitana, permanecía en la categoría de “ajustes operacionales”; la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados reducía presiones y caudales para conservar sus reservas y evitar un eventual racionamiento, mientras se pedía a la población moderar el consumo de agua [19]-[21]. El caso no permite atribuir la sequía únicamente a El Niño, pero muestra que las condiciones secas previstas por la OMM ya coinciden con reservas hídricas bajo presión [1], [19]-[21].

El sureste de Sudamérica

Para agosto-octubre de 2026, la Organización Meteorológica Mundial proyecta una mayor probabilidad de condiciones más húmedas de lo normal en el sureste de Sudamérica [1]. Esta señal es coherente con la asociación histórica de El Niño con condiciones húmedas en el sur de Brasil, el noreste de Argentina y Uruguay durante la primavera y el verano australes [22].

La preocupación se concentra en las cuencas de los ríos Paraná, Paraguay y Uruguay. Las lluvias persistentes pueden elevar los niveles fluviales, saturar los suelos, afectar áreas agrícolas y urbanas e interrumpir carreteras, ferrocarriles y pasos fronterizos [1], [22].

La Amazonía y los Andes

En sectores de la Amazonía oriental y del nordeste de Brasil, El Niño suele debilitar el ascenso atmosférico y favorecer precipitaciones inferiores a lo normal. En el Altiplano y los Andes centrales, el fortalecimiento de los vientos del oeste en altura puede reducir el transporte de humedad desde las tierras bajas y favorecer condiciones más secas [22].

Los niveles bajos de los ríos afectan el transporte, el abastecimiento de poblaciones aisladas y la movilización de mercancías. En los Andes pueden coexistir déficits regionales con tormentas localizadas, granizadas o episodios de alta intensidad [22].

Ciclones tropicales

El Niño suele aumentar la cizalladura vertical del viento sobre el Atlántico tropical, dificultando la organización y el fortalecimiento de huracanes. En el Pacífico oriental, en cambio, puede favorecer condiciones más propicias para la actividad ciclónica [23].

Una temporada atlántica menos activa no elimina el riesgo. Un solo ciclón puede producir efectos graves sobre los países, ciudades y corredores expuestos [23].

América Latina puede enfrentar simultáneamente exceso y déficit de agua. Esa dualidad invalida cualquier estrategia regional construida sobre la idea de que El Niño es únicamente sinónimo de inundaciones [1], [22]-[23].

La infraestructura vial en primera línea

Para el sector vial, la temperatura del océano constituye un indicador precursor. El daño aparece cuando la señal climática interactúa con cuencas, suelos, puentes, drenajes, taludes, pavimentos y corredores vulnerables [24].

En los territorios expuestos a lluvias, los principales mecanismos de daño son la socavación de cimentaciones y accesos a puentes; la insuficiencia hidráulica de alcantarillas; la erosión de terraplenes; la saturación e inestabilidad de taludes; los flujos de detritos; la pérdida de capacidad de soporte de las subrasantes; el incremento de humedad y la expansión de suelos con potencial expansivo medio o alto; la inundación de plataformas; la acumulación de agua en cuencas endorreicas sin salida natural; y la interrupción de corredores estratégicos [24]-[25].

La precipitación mensual acumulada no describe por sí sola el peligro. Una tormenta intensa sobre una cuenca pequeña puede destruir una alcantarilla o un puente, aunque el promedio regional no alcance una categoría extraordinaria. La intensidad horaria, la duración, la humedad antecedente del suelo, la geometría de la cuenca y el material transportado pueden resultar más decisivos que el promedio estacional [24].

En las regiones donde predomine la sequía, las amenazas cambian. La escasez de agua puede afectar la construcción y conservación vial; las temperaturas elevadas y los amplios ciclos térmicos diarios incrementan la solicitación térmica de los pavimentos asfálticos, especialmente en zonas altas y altiplánicas; los incendios interrumpen corredores; la contracción por desecación de suelos finos o expansivos afecta terraplenes; y los niveles bajos de los ríos alteran las cadenas logísticas multimodales [24]-[26].

La red vial latinoamericana funciona como un sistema interdependiente. La interrupción de una carretera de acceso a un puerto, aeropuerto, frontera, mina o zona agrícola puede generar consecuencias económicas muy superiores al valor físico del tramo afectado [24].

Decidir antes de conocer el resultado final

La predicción climática plantea una incertidumbre inevitable. Las decisiones deben tomarse antes de conocer la magnitud definitiva del fenómeno.

Esperar certeza significa perder el periodo disponible para inspeccionar estructuras, limpiar drenajes, recuperar cauces, reforzar taludes y defensas ribereñas, asegurar equipos y organizar rutas alternativas. Actuar como si el escenario extraordinario fuera inevitable puede conducir, en cambio, a dispersar recursos, improvisar obras y debilitar la credibilidad institucional [24].

La preparación debe organizarse mediante escenarios progresivos de impacto, vinculados con los pronósticos de precipitación, caudales, saturación del suelo y vulnerabilidad local, y no únicamente con la categoría oceánica alcanzada por El Niño [24].

El escenario de impacto moderado debe conducir a ejecutar el mantenimiento pendiente, limpiar cauces y drenajes, revisar puentes y corregir deficiencias que deberían atenderse aun sin un evento severo. El escenario de impacto severo exige intervenir los puntos con mayor probabilidad de interrupción, reforzar accesos, proteger estructuras, disponer de pasos provisionales y asegurar equipos, materiales y contratistas. El escenario de impacto extremo obliga a planificar la continuidad de los servicios esenciales, los corredores alternativos, las reservas estratégicas y los procedimientos excepcionales de respuesta [24].

La prioridad de una carretera no debe establecerse únicamente por su jerarquía administrativa. Debe considerar las consecuencias de su interrupción. Un camino local puede resultar estratégico cuando constituye el único acceso a una población, un hospital, un centro productivo o una fuente de abastecimiento. También deben definirse umbrales observables que activen decisiones previamente establecidas. Entre ellos se encuentran el nivel del río, la precipitación acumulada, la saturación del suelo, la deformación de un talud, la profundidad de socavación y la pérdida parcial de transitabilidad [24].

Conclusiones

El Fenómeno El Niño ya está presente, continúa desarrollándose e intensificándose. El calentamiento se ha extendido desde el extremo oriental hacia el Pacífico central, mientras los vientos, las corrientes, la termoclina, el nivel del mar, las presiones y la convección muestran un acoplamiento cada vez más definido [1]-[3], [10].

El Niño Costero se encuentra establecido y ya produce efectos sobre el litoral peruano. El calor persistente en Lima y el Callao durante el invierno, los cambios en la distribución de especies marinas y la alteración de la actividad pesquera demuestran que sus manifestaciones no pertenecen únicamente al terreno del pronóstico. El Niño del Pacífico central también se encuentra en desarrollo y presenta una alta probabilidad de continuar fortaleciéndose hasta comienzos de 2027 [2]-[3], [10]-[11], [18].

De acuerdo con lo que se resume en la Tabla 4, el escenario dominante para el verano 2027 es un Niño Costero fuerte o extraordinario y un Niño en el Pacífico central fuerte o muy fuerte. La incertidumbre ya no se refiere a la ocurrencia del fenómeno, sino al grado de intensificación que alcanzará y a la magnitud y localización de sus impactos. Ninguna categoría oceánica determina por sí sola la intensidad de las lluvias o los daños [3], [18].

América Latina enfrentará respuestas territoriales diferentes. Ecuador, el Perú y el sureste sudamericano presentan mayor exposición a excesos de precipitación e inundaciones. Centroamérica, el Caribe, el norte de Sudamérica y sectores amazónicos pueden enfrentar sequía, altas temperaturas y reducción de caudales. Las previsiones de la OMM y la situación hídrica observada en Puerto Rico muestran que algunos de estos efectos ya comienzan a manifestarse [1], [18]-[23].

Para quienes administran infraestructura, la discusión ya no consiste en decidir si creen o no en el pronóstico. Consiste en identificar qué activos pueden fallar bajo cada escenario, cuáles serán las consecuencias de esas fallas y qué acciones deben ejecutarse mientras todavía existe tiempo. Si no se puede hacer todo, hay que priorizar.

La incertidumbre climática no justifica la inacción. Obliga a actuar de manera progresiva, selectiva y técnicamente sustentada. El error sería esperar que el pronóstico se convierta en certeza cuando todavía existe tiempo para reducir los efectos perjudiciales. La espera y la inacción son el combustible de un desastre mayor.

Referencias bibliográficas

[1] World Meteorological Organization. Global Seasonal Climate Update for August– September–October 2026. Ginebra, 31 de julio de 2026.

[2] Comisión Multisectorial encargada del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño. Diagnóstico climático y previsión de El Niño–Oscilación del Sur en el Perú al 15 de julio de 2026. Informe Técnico ENFEN, Año 12, N° 13. Lima, 2026.

[3] National Oceanic and Atmospheric Administration, Climate Prediction Center. ENSO Diagnostic Discussion. College Park, 9 de julio de 2026.

[4] McPhaden, M. J.; Zebiak, S. E.; y Glantz, M. H. (2006). “ENSO as an Integrating Concept in Earth Science”. Science, 314(5806), 1740–1745. DOI: 10.1126/science.1132588.

[5] McPhaden, M. J. (2002). “El Niño and La Niña: Causes and Global Consequences”. En Encyclopedia of Global Environmental Change, vol. 1. Chichester: John Wiley & Sons, pp. 353–370.

[6] National Oceanic and Atmospheric Administration, Pacific Marine Environmental Laboratory. What is El Niño? NOAA-PMEL.

[7] Comisión Multisectorial encargada del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño. Definición operacional de los eventos El Niño Costero y La Niña Costera en el Perú. Nota Técnica ENFEN 01-2024. Lima, 11 de diciembre de 2024.

[8] National Oceanic and Atmospheric Administration, Physical Sciences Laboratory. El Niño Index Dashboard. NOAA-PSL. Consulta: 1 de agosto de 2026.

[9] National Oceanic and Atmospheric Administration, Pacific Marine Environmental Laboratory. Pacific Ocean–Tropical Atmosphere Ocean Array. NOAA-PMEL.

[10] Comisión Multisectorial encargada del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño. Diagnóstico climático y previsión de El Niño–Oscilación del Sur en el Perú al 24 de junio de 2026. Informe Técnico ENFEN, Año 12, N° 12. Lima, 2026.

[11] Agencia Andina. “Lima y Callao viven una ola de calor nocturna que suma 70 noches consecutivas”. Lima, 15 de julio de 2026. Información proporcionada por el SENAMHI.

[12] Montes, I.; Segura, B.; Castillón, F.; Manay, R.; Mosquera, K.; y Takahashi, K. (2023). Pronósticos experimentales del posible FEN para la Comisión ENFEN con un modelo de Sistema Tierra de alta resolución para el territorio nacional y el Pacífico oriental. Informe Técnico. Instituto Geofísico del Perú.

[13] McPhaden, M. J. (1999). “Genesis and Evolution of the 1997-98 El Niño”. Science, 283, 950-954.

[14] Sardón, H., Lavado-Casimiro, W. y Felipe-Obando, O. (2022). Inventario de datos de eventos de inundaciones del Perú. Estudio final. Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología del Perú (SENAMHI).

[15] Comisión Multisectorial encargada del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño. Comunicado Oficial ENFEN N° 10-2026. Lima, 29 de mayo de 2026.

[16] Comisión Multisectorial encargada del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño. Comunicado Oficial ENFEN N° 11-2026. Lima, 15 de junio de 2026.

[17] Comisión Multisectorial encargada del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño. Comunicado Oficial ENFEN N° 12-2026. Lima, 26 de junio de 2026.

[18] Comisión Multisectorial encargada del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño. Comunicado Oficial ENFEN N° 13-2026 — Alerta de El Niño Costero. Lima, 17 de julio de 2026.

[19] National Integrated Drought Information System. Drought Update for Puerto Rico and the U.S. Virgin Islands. Drought.gov, 23 de julio de 2026.

[20] Colón Badillo, R. I. (2026). “AAA busca controlar el descenso de Carraízo para evitar imponer un plan de racionamiento”. El Nuevo Día, San Juan, Puerto Rico, 28 de julio de 2026.

[21] Guemárez Soto, A. (2026). “En medio de la emergencia por sequía — estos son los niveles de los embalses este sábado”. El Nuevo Día, San Juan, Puerto Rico, 1 de agosto de 2026.

[22] Nogués-Paegle, J., et al. (2002). “Progress in Pan American CLIVAR Research: Understanding the South American Monsoon”. Meteorologica, 27, 3–30.

[23] National Oceanic and Atmospheric Administration, Atlantic Oceanographic and Meteorological Laboratory. How Does El Niño Impact the Atlantic Hurricane Season? NOAA-AOML.

[24] Ebinger, J. O.; y Vandycke, N. (2015). Moving Toward Climate-Resilient Transport: The World Bank’s Experience from Building Adaptation into Programs. Washington, D. C.: World Bank.

[25] Muench, S. T., et al. (2023). Pavement Resilience: State of the Practice. Report FHWA-HIF23-006. Washington, D. C.: Federal Highway Administration.

[26] World Bank. (2025). Preparing Resilient Transportation Systems for Heatwaves. Washington, D. C.: World Bank.

[27] National Oceanic and Atmospheric Administration, Climate Prediction Center. ENSO: Recent Evolution, Current Status and Predictions. Presentación PowerPoint. Actualización del 3 de agosto de 2026. College Park, 2026.

Escrito por

Artículos relacionados

Botón de WhatsApp para comunicarte directamente con Construyendo Obras & Vías
Comunícate con nosotros ×

    Sitio web desarrollado y actualizado por Ernesto ALVAREZ