Muchos han visto al creador de contenido Waldir Maqque en YouTube con sus magníficas vistas desde las alturas de los Andes. Waldir graba sus videos en la comunidad de Viacha, en Písac, a más de cuatro mil metros sobre el nivel del mar. Lo que lo hace especial es que no usa cocinas modernas de inducción, sino el fogón a leña, ollas de barro y productos cosechados de su propia tierra. También ha logrado que su comunidad sea visitada con fines turísticos: hoy muchas personas viajan a Cusco específicamente para visitar su proyecto Incahuasi, donde ofrece experiencias de turismo vivencial. Su historia no es una condena geográfica: es la evidencia de que las condiciones del territorio pueden superarse cuando hay voluntad, inteligencia y, sobre todo, política pública. De eso tratan estos artículos.
El frío
Las vivencias de Waldir ilustran con precisión cómo se vive a cuatro mil metros, en comunidades como Viacha. Allí el frío es una constante que se intensifica, especialmente, durante las noches de helada. Waldir no utiliza sistemas de calefacción modernos —aire acondicionado o estufas eléctricas— porque en esas zonas tanto la infraestructura como la cultura se basan en métodos tradicionales y naturales.
En las casas andinas, la cocina es el corazón del hogar. El fogón de leña o bosta —estiércol seco— permanece encendido durante gran parte del día. Las paredes de adobe absorben el calor del fuego y lo retienen durante horas; es una calefacción residual. Es común también que la familia se reúna cerca del fogón mientras se preparan los alimentos.
La vestimenta es de lana de alpaca y oveja, fibras extremadamente cálidas que repelen la humedad. La alimentación también cumple un rol térmico: el consumo de caldos calientes como el chairo o la sopa de morón a primera hora de la mañana ayuda a elevar la temperatura corporal. Las infusiones de hierbas —mate de coca, muña o ruda— favorecen la circulación y combaten el soroche, el mal de altura y el frío.
A la hora de dormir, las mantas pesadas de lana de oveja reemplazan cualquier calefacción eléctrica. En las zonas altoandinas es común dormir con varias capas de estas mantas, que pueden llegar a pesar varios kilos, creando un microclima bajo las sábanas.
La cocina
Cocinar con fogón y bosta o leña en interiores cerrados es un problema de salud pública histórico en las zonas rurales de los Andes. La combustión en habitaciones sin ventilación causa graves enfermedades respiratorias y oculares; la fibrosis pulmonar, en particular, afecta severamente a estas comunidades.
Para cambiar esta situación se introdujo la cocina mejorada, una innovación de tecnología social. A diferencia del fogón abierto sobre el suelo, estas cocinas están construidas con ladrillo y barro e incluyen una plancha de hierro donde se asientan las ollas. Lo fundamental es la chimenea: un ducto o tubo galvanizado que expulsa el humo directamente hacia el exterior.
Sin embargo, pese a sus ventajas para la salud y a las campañas de difusión, la resistencia a adoptar la cocina mejorada ha sido intensa. Muchas familias, aun teniendo acceso a ella, terminan volviendo al fogón abierto. La razón es comprensible: si bien la cocina mejorada cocina mejor y extrae el humo, calienta menos la habitación. Con el fogón abierto a nivel del suelo, sin chimenea, el calor se dispersa por todo el cuarto. En una noche de -10°C, ese humo tóxico es lo único que mantiene la habitación a una temperatura soportable. Con la cocina mejorada, el calor escapa por la chimenea. Para una familia sin calefacción eléctrica, perder ese calor ambiental es un sacrificio demasiado duro.
A esto se suma el costo. Los proyectos de cocinas limpias a gas (GLP) no contemplaron la logística real: llevar un balón de gas a una comunidad a cuatro mil metros es caro y difícil. La bosta y la leña son gratuitas. Para una familia de subsistencia, el gas es un lujo inalcanzable.
El costo de no adaptarse, en cambio, es altísimo. Muchas mujeres mayores en los Andes sufren de EPOC (Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica) y cataratas prematuras por la irritación constante del humo. Waldir es una excepción: muestra una cocina limpia y funcional, aunque generalmente cocina al aire libre. Con ello envía un mensaje posible —mantener la tradición sin sacrificar la salud—, actuando como puente entre el conocimiento ancestral y las medidas de seguridad modernas.
La resistencia al cambio también tiene un componente técnico poco discutido: la bosta, combustible principal a cuatro mil metros donde casi no crecen árboles, no se adapta bien a las cocinas mejoradas estándar.[1] Se quema más rápido que la leña, produce mucha ceniza —que puede tapar la rejilla y ahogar el fuego— y genera un hollín denso y pegajoso que obstruye el tubo de la chimenea con rapidez. Si la familia no lo limpia periódicamente —un trabajo extra que con frecuencia se omite—, el humo retrocede y vuelve al interior. Las cocinas mejoradas modernas promovidas por las ONG y el gobierno están diseñadas para multicombustible, pero la bosta exige mucho más mantenimiento que la leña. En resumen: la cocina mejorada funciona, pero requiere una disciplina de uso y mantenimiento que el diseño original no siempre contempló.
Los servicios higiénicos
La vida idílica del campo que proyectan las redes sociales contrasta con la realidad de vivir a cuatro mil metros. Los servicios básicos no funcionan como en la ciudad: abrir un grifo y que salga agua caliente simplemente no es factible. A esa altura, el agua de los manantiales o de la red comunitaria está a pocos grados sobre el punto de congelación. El método más común es la jarra y el balde: se calienta una olla grande en el fogón, se mezcla con agua fría hasta que esté tibia y se echa con una jarra.
Existen también las duchas solares. En proyectos de turismo vivencial como el de Waldir en Incahuasi, se instalan termas solares: paneles negros en el techo que calientan el agua aprovechando la intensa radiación solar de los Andes. Si hay sol, hay agua caliente; si está nublado, se vuelve a la olla en el fogón. Nadie se baña de noche a cuatro mil metros. Lo habitual es hacerlo al mediodía, cuando el sol está en su punto máximo, para evitar el choque térmico.
En cuanto al saneamiento, en comunidades rurales dispersas no suele haber alcantarillado. Lo usual son los baños secos o ecológicos: una estructura de madera o ladrillo donde, en lugar de agua, se echa aserrín, cal o ceniza para neutralizar olores y secar los desechos. Con el tiempo, estos se convierten en compost. Es un sistema circular muy limpio cuando se maneja bien. El inconveniente es práctico: el baño está en una caseta fuera de la casa principal, a varios metros de distancia. A las tres de la mañana con -5°C y viento helado, esa distancia se vuelve un verdadero reto. Mantener la higiene en el campo exige un esfuerzo físico constante —cargar el agua, calentarla, gestionar los residuos— que en un apartamento moderno se resuelve en segundos.
La salud y la educación
La logística de salud y educación en las alturas es la cara que las redes sociales no muestran. La vida de Waldir es un ejemplo de éxito, pero él creció en un sistema donde esa logística es una lucha diaria.
El camino al colegio se hace a pie —en quechua, pata pampa, literalmente ‘llanura de arriba’—. Para muchos niños en las zonas altas de Cusco, ir a la escuela es una actividad física intensa: caminatas de entre 45 minutos y dos horas de ida, y otras tantas de vuelta, bajo lluvia, sol quemante o granizo. Por eso los niños andinos son extraordinariamente resistentes. Suelen llevar en sus mochilas alimentos que aguanten el día: maíz tostado, queso, habas secas o papas sancochadas.
Cuando llega la enfermedad, el aislamiento se vuelve peligroso. En una emergencia a cuatro mil metros no hay ambulancias que lleguen a la puerta. Si alguien se enferma gravemente, la familia debe conseguir un vecino con camioneta o moto, o bajar al enfermo en una camilla improvisada con mantas hasta la carretera más cercana.
En las comunidades suele haber una posta médica atendida por un enfermero o un médico en servicio social (SERUMS), pero con suministros básicos. Para una cirugía o una emergencia grave, hay que viajar horas hasta Cusco o Urubamba. Ante esa distancia, muchos acuden primero a la medicina tradicional.
La brecha digital
La brecha digital sigue siendo una tarea pendiente. Se hizo evidente durante la pandemia y fue una tragedia: mientras en las ciudades los niños de colegios privados usaban Zoom, en las alturas no había internet ni señal de radio. Muchos niños perdieron clases porque tenían que subir a los cerros más altos buscando un poco de señal en sus teléfonos.
En el lado opuesto está Waldir. Al volverse famoso, ha logrado que la mirada del gobierno y las ONG se pose sobre su comunidad. Su proyecto de turismo no solo le da trabajo a él: dinamiza la economía local y, sobre todo, aumenta la confianza en la propia valía. Muchos jóvenes pueden ver que es posible tener éxito en la propia comunidad sin tener que huir a las barriadas de Lima o Cusco.
Alumbrado eléctrico y calefacción
En uno de sus videos, Waldir muestra cómo resuelve la falta de alumbrado eléctrico con tecnología solar:[2] usa paneles LED de 350 W con panel solar integrado en la parte trasera. Así como con las termas solares, el sol es su fuente de energía principal. Con su éxito, puede comprar tecnología que mejora su calidad de vida y la de su entorno, demostrando que en el campo la autogestión es la única forma de avanzar rápido cuando el Estado no llega.
Sin embargo, iluminar una casa es muy diferente a calentarla. Los focos LED consumen muy poca energía real. Una estufa eléctrica básica, en cambio, consume entre 1000 W y 2000 W constantes. Para alimentar una sola estufa a cuatro mil metros se necesitarían entre seis y diez paneles grandes en el techo y un banco de baterías de gran capacidad —cuyo costo es prohibitivo para la mayoría de las familias rurales— para que funcione de noche, que es precisamente cuando más se necesita el calor.
El mayor problema es que los paneles solares solo cargan durante el día, pero la calefacción se necesita con urgencia entre las diez de la noche y las cinco de la mañana, cuando las temperaturas caen bajo cero. Por eso, en zonas como Cusco, en lugar de paneles eléctricos para calefacción se usan otras tecnologías, como los muros Trombe. Una técnica de calefacción solar pasiva: se pinta una pared de negro y se cubre con un vidrio. El sol calienta el aire atrapado entre ambas superficies y este ingresa a la casa por unos agujeros. Es barato y no requiere electricidad. Complementariamente, las termas solares calientan el agua directamente con el sol y la almacenan en un tanque térmico.
Aun así, el fogón sigue siendo insustituible para combatir el frío de los huesos. Es la fuente de energía más barata y potente disponible. Los focos solares son excelentes para ver en la oscuridad; pero no para generar calor, pues no tienen la fuerza necesaria.
La realidad de las familias que viven a grandes alturas
Para las familias como la de Waldir Maqque, el acceso a servicios básicos y la superación de la pobreza están directamente condicionados por la geografía y la falta de infraestructura. Llevar a los niños al colegio es ya de por sí una tarea compleja: la dispersión poblacional y las barreras geográficas generan distancias que limitan la asistencia escolar. Se estima que la sola existencia de caminos transitables incrementa significativamente esa asistencia.
Según un estudio sobre altura y pobreza,[3] las poblaciones a mayor altitud son las que tienen menor acceso a infraestructura. El documento confirma que en el Perú existe una relación directa entre vivir a mayor altitud y ser pobre: el nivel de pobreza tiende a empeorar a medida que el hábitat se ubica a mayor altura sobre el nivel del mar. La geografía impone barreras de costo: trasladar productos desde zonas alejadas es tan caro que obstaculiza el desarrollo económico de estas familias.
El aislamiento, además, es histórico. Muchas comunidades se asentaron en tierras cada vez más altas como resultado de procesos seculares de marginalización, lo que las ha mantenido alejadas de los beneficios del desarrollo moderno. Como solución, el estudio propone no solo la construcción de carreteras, sino la creación de ciudades intermedias que acerquen los servicios de salud, educación y mercado a las poblaciones de las cumbres. El caso de Waldir ilustra esta paradoja con claridad: él es una anomalía positiva que ha logrado superar las barreras gracias a la tecnología digital; la gran mayoría de sus vecinos, en cambio, siguen atrapados en los problemas de la geografía y la ausencia del Estado.
La altura también desmitifica su propio paisaje. Detrás del panorama bucólico hay una realidad económica básica: la altura cuesta dinero. Si un agricultor en Viacha quiere vender su papa, el costo de bajarla al mercado puede ser mayor que el precio de la papa misma. La dispersión es el enemigo número uno de la eficiencia estatal.
Midiendo la pobreza[4]
Aún hoy, los distritos a mayor altura —como Lares y Omacha— registran niveles de pobreza que superan el 97%. La existencia de casos aislados como el de Waldir no modifica esa estructura. La dispersión sigue siendo el factor determinante, tanto en la sierra como en la selva, donde los distritos aislados muestran índices igualmente dramáticos.
Distritos con mayor incidencia de pobreza monetaria en la sierra del Perú
| Distrito | Región | Pobreza (%) | Altitud (msnm) | Población (aprox.) | Factor geográfico |
|---|---|---|---|---|---|
| Uchuraccay | Ayacucho | 98.5% | 4,022 | 3,500 | Puna / Alta montaña |
| Omacha | Cusco | 97.4% | 3,887 | 6,000 | Dispersión extrema |
| Lares | Cusco | 96.8% | 3,150 | 7,000 | Valle encajonado / Altura |
| Curgos | La Libertad | 97.2% | 3,227 | 8,500 | Sierra Norte |
| Andamarca | Ayacucho | 95.8% | 3,500 | 2,000 | Aislamiento geográfico |
| Lagunas | Ayacucho | 96.1% | 4,250 | 1,500 | Puna / Dispersión |
| Tumbadén | Cajamarca | 94.9% | 3,070 | 3,800 | Sierra Norte (Páramo) |
La correlación entre altitud y pobreza es clara: casi todos estos distritos están por encima de los tres mil metros. El costo de llevar un servicio básico —agua, internet— a Uchuraccay es exponencialmente mayor que llevarlo a cualquier ciudad costera. Aunque algunos distritos tienen seis u ocho mil habitantes, estos no viven en un núcleo urbano denso, sino repartidos en decenas de comunidades y caseríos. Aquí es donde Provias Rural[5] resulta vital: sin esos caminos, esa población queda desconectada del mercado. Curgos, en La Libertad —región de relativa riqueza costera y líder en la agroexportación de arándanos, espárragos, azúcar y producción avícola—, es citado a menudo como el distrito más pobre del Perú. Demuestra que la riqueza de la costa no se traslada a las alturas si no existe infraestructura de conexión física y digital.
La tiranía de la distancia y la dispersión
La dispersión poblacional en los Andes y la selva genera costos de transacción prohibitivos. En Omacha o Lares, si una familia produce veinte kilos de queso, el costo de llevarlo a un mercado donde le paguen un precio justo es tan alto —en tiempo y dinero— que termina vendiéndoselo al intermediario local por una fracción de su valor. Llevar agua potable, electricidad o internet de fibra óptica a diez familias dispersas en un radio de cinco kilómetros cuesta cien veces más que hacerlo en una zona urbana.
La selva es un espejo del problema andino. Allí el obstáculo no es la altitud sino el aislamiento medido en tiempo de viaje: un distrito en el Purús o en la frontera con Brasil registra niveles de pobreza similares a Omacha porque está desconectado. El problema común es la falta de conectividad, ya sea por picos nevados o por ríos intransitables.
Pobreza en la selva
La dispersión y el aislamiento se manifiestan de forma igualmente dramática en la selva. Aquí el muro no es la altitud en metros, sino la densidad de la vegetación y los ríos, que actúan como barreras físicas que encarecen todo. Al igual que en la sierra, la ausencia de Provias Rural —o su equivalente acuático— y de carreteras digitales condena a estos distritos a una pobreza estructural.
Distritos de la selva con alta incidencia de pobreza
| Distrito | Región / Provincia | Pobreza (%) | Población (aprox.) | Factor de aislamiento |
|---|---|---|---|---|
| Lagunas | Loreto / Alto Amazonas | 90% | 13,000 | Acceso solo por río (Huallaga) |
| Morona | Loreto / Datem del Marañón | 95% | 7,500 | Frontera con Ecuador; aislamiento extremo |
| Purús | Ucayali / Purús | 92% | 3,000 | Solo accesible por avioneta |
| Napo | Loreto / Maynas | 94% | 15,000 | Comunidades nativas dispersas en la cuenca |
| El Cenepa | Amazonas / Condorcanqui | 96% | 11,000 | Selva alta y virgen; zona de frontera |
| Río Santiago | Amazonas / Condorcanqui | 97% | 12,500 | Dispersión total en la cuenca del río |
En los distritos de la selva el flete para llevar un producto o traer medicinas es altísimo. Sin carreteras físicas y con transporte fluvial lento y caro por el combustible escaso, la gente vive en una economía de subsistencia: es el equivalente a los sobrecostos por altitud, pero traducido a distancia fluvial. Tampoco existen carreteras digitales. En Purús o Napo, donde internet no existe; maestros y médicos rurales se encuentran aislados y los jóvenes no tienen acceso a la información que sí tiene alguien en Iquitos o Lima. Estos datos confirman que el análisis es transversal: la altitud es el factor en los Andes, pero la geografía hostil desconectada es el denominador común de la pobreza en el Perú.
Pobreza por región rural
Aunque la pobreza urbana ha crecido recientemente, la extrema pobreza sigue teniendo un rostro mayoritariamente rural: de altura y de selva profunda.
Población en extrema pobreza por región natural
| Región | Incidencia de extrema pobreza (promedio) | Población estimada en extrema pobreza | Factores determinantes |
|---|---|---|---|
| Sierra rural | 12% – 15% | 1,200,000 | Altitud (>3,500 msnm), dispersión extrema y uso de combustibles sólidos (bosta) |
| Selva rural | 10% – 13% | 600,000 | Aislamiento fluvial, falta de conectividad digital y nulo acceso a servicios básicos |
| Total, estimado | 5.7% | 1,800,000 | Pobladores en situación de vulnerabilidad crítica |
Mientras que en Lima la extrema pobreza afecta aproximadamente al 1% o 2% de la población, en las zonas rurales de la sierra —Omacha, Lares— y la selva —Purús— esa cifra se dispara. El foco crítico está en la sierra: por volumen de población y severidad de la geografía, es allí donde se concentra la mayor cantidad de peruanos que no alcanzan a cubrir el costo de una canasta básica de alimentos. En la selva, aunque hay menos población total, la intensidad de la pobreza es brutal porque el aislamiento es absoluto: hay distritos que reciben una avioneta al mes o dependen de diez días de viaje en lancha.
Población en extrema pobreza: el rostro de la desconexión
| Región | Población en extrema pobreza (personas) | Concentración de la carencia |
|---|---|---|
| Sierra rural | 1,150,000 | El grupo más numeroso. |
| Selva rural | 550,000 | Menor población total, pero mayor dificultad de atención: sin carreteras, solo ríos. |
| Costa / Urbana | 200,000 | Principalmente en cinturones de miseria de grandes ciudades (migrantes recientes). |
Sumando sierra y selva rurales, hay 1,7 millones de personas atrapadas en la trampa de la geografía. Esta cifra pone en evidencia la ineficiencia de los bonos: si un poblador en Lares debe gastar cincuenta soles en transporte y perder un día de trabajo para cobrar un bono de 350 soles, la eficiencia de la política pública se reduce drásticamente. El Estado llega con la red eléctrica o el internet hasta la capital del distrito, pero se rinde ante la dispersión de las familias que viven a tres o cuatro horas de distancia. Sin caminos mantenidos, esas 1,7 millones de personas están fuera de la economía. La corrupción y el burocratismo terminaron con el programa que mejor podía conectar estas realidades: Provias Rural.
Existe la trampa de la dispersión, por ella el Estado gasta mucho en programas sociales, como Qali Warma o Juntos, pero el costo de operar en estas zonas es tan alto que el beneficio real, el que realmente llega a las familias es mínimo.
Conclusión
Las cocinas mejoradas y los bonos son soluciones parche que no atacan el problema central: la dispersión. Regalar una cocina mejorada en Lares es un gesto simbólico si la familia sigue viviendo a seis horas del centro de salud más cercano. Si la madre tiene una emergencia obstétrica en Omacha a las dos de la madrugada, la cocina mejorada no le sirve de nada. La dispersión mata.
Si Omacha tuviera un nodo urbano consolidado con servicios de calidad, las familias podrían mantener sus tierras de pastoreo y al mismo tiempo vivir en un lugar donde el Estado sí pueda llegar. El 97% de la población en esos distritos sigue siendo pobre después de décadas de crecimiento económico nacional: el modelo creció en las ciudades y en la costa, pero se detuvo donde empieza la pendiente geográfica.
Ya Richard Webb introdujo el concepto de sobrecostos por falta de infraestructura. La altitud y la dispersión actúan como un impuesto invisible que mantiene a la gente en la pobreza. El cemento es dinero muerto. El Estado gasta en cocinas que la gente no usa porque no calientan, o que se rompen rápido. Es una solución de corto plazo que solo sirve para la foto de la inauguración. Ha llegado el momento de invertir en sistemas que abran la ruta de salida de la pobreza.
Glosario técnico
Cocinas mejoradas
Dispositivos de cocción que sustituyen al fogón abierto tradicional (k’oncha). Su implementación busca reducir la mortalidad por infecciones respiratorias agudas (IRA) y la contaminación intradomiciliaria. En términos de ingeniería térmica, optimizan la combustión de biomasa.
Timberline (línea de vegetación arbórea)
Límite altitudinal donde los árboles dejan de crecer. Por encima de esta línea, las comunidades enfrentan condiciones climáticas extremas y menor disponibilidad de recursos energéticos naturales, lo que agrava la pobreza estructural.
SERUMS (Servicio Rural y Urbano Marginal de Salud)
Programa de servicio comunitario realizado por profesionales de la salud recién titulados. Es la estrategia principal para llevar servicios básicos a los distritos de mayor altitud y pobreza, y un nodo vital de recolección de datos sobre desnutrición y salud materno-infantil.
PROVIAS Rural
Unidad ejecutora del Ministerio de Transportes y Comunicaciones encargada de la infraestructura vial descentralizada. Es clave para reducir los costos de transacción y facilitar que los productos de altura lleguen a los mercados de las ciudades intermedias.
Qali Warma
Programa Nacional de Alimentación Escolar. Funciona bajo un modelo de cogestión orientado a garantizar el servicio alimentario a estudiantes de instituciones públicas. Su impacto se mide en la mejora de la atención en clase, la asistencia escolar y la reducción de la anemia y la desnutrición crónica en zonas rurales.
JUNTOS
Programa Nacional de Apoyo Directo a los más Pobres. Opera bajo el modelo de Transferencias Monetarias Condicionadas (TMC): los hogares reciben un incentivo económico a cambio de cumplir corresponsabilidades en salud y educación.
YANAPAY
Apoyo económico individual de carácter excepcional y por única vez. A diferencia de JUNTOS, fue una medida de asistencia social reactiva diseñada para mitigar el impacto del alza de precios y la crisis económica en las poblaciones más vulnerables, bajo un modelo de protección social de emergencia.
Anexo 1: El caso de Provias Rural
Provias Rural no funciona como en el pasado y está perjudicando a buena parte de la población en extrema pobreza. Provias Rural termina por diluirse por una mezcla con una descentralización mal ejecutada y falta de economías escala.
Para entender porque esta institución falló hay que remontarse en el tiempo. En los años 90 y principios de los 2000, Provias Rural fue una de las instituciones más respetadas del Perú. Funcionaba bajo un modelo de gestión técnica centralizada, con estándares de calidad internacionales. Así se logró rehabilitar miles de kilómetros de caminos vecinales. Se logró también que las Microempresas de Mantenimiento Rutinario trabajara con la propia gente del pueblo en el cuidado de la carretera.
Con el proceso de descentralización, las funciones de Provias Rural se transfirieron a las Municipalidades Provinciales a través de los Institutos Vial Provinciales (IVP). En teoría, los gobiernos locales, al estar más cerca de la realidad, gestionarían mejor sus caminos. Sin embargo, la realidad era que las municipalidades no tenían (ni tienen) la capacidad técnica ni el presupuesto para mantener la maquinaria. Las unidades ejecutoras locales se politizaron y la calidad de los caminos rurales empezó a caer drásticamente por falta de mantenimiento. En un intento de arreglar el desorden, se fusionó Provias Rural con Provias Departamental, creando Provias Descentralizado. Con el consecuente resultado de perder el enfoque específico en el «camino de herradura» o el camino vecinal pequeño. La institución se volvió un ente que transfiere dinero a las regiones y municipios, pero que tiene poco control sobre cómo se gasta. En la actualidad, Provias Descentralizado funciona más como un «cajero» que como un ejecutor. Si un alcalde provincial no sabe hacer el expediente técnico o no tiene ingenieros capaces, el dinero se queda parado o la obra se hace mal y se destruye en la primera temporada de lluvias.
El resultado es que Provias Descentralizado enfrenta los mismos problemas que se tenían previos a su creación: siendo la falta de ejecución uno de ellos, pues muchos proyectos están trabados por procesos de licitación corruptos o mal diseñados a nivel local. También se tiene el abandono de la red vecinal, ya que Provias Nacional se encarga solo de las grandes carreteras, los caminos vecinales están en un estado crítico, lo que encarece el producto del campesino. Sin olvidar los escándalos de corrupción, entre ellos está el caso de Puente Tarata, demostrando así que la institución ha estado en el ojo de la tormenta por presuntos favorecimientos en obras regionales. En definitiva, la gestión técnica se contaminó con la política.
Lo conveniente sería recentralizar la capacidad técnica, en primer lugar, es decir que Provias sea un ente ejecutor de élite que no dependa del favor del alcalde de turno. En segundo lugar, aplicar economías de escala. Esto quiere decir que, en lugar de arreglar un camino por tramos aislados, se debería planificar por cuencas productivas o corredores logísticos. Y, en tercer lugar, se debería dejar de operar con microempresas manuales y pasar a un sistema mecanizado de escala regional gestionado por técnicos de alto nivel, generando así un mantenimiento industrial.
En resumen, Provias Rural pasó de ser un motor de conectividad técnica a ser una pieza más del engranaje burocrático de transferencias, donde el dinero llega a la provincia, pero no se convierte en una carretera duradera.
Referencias
[1] En los videos de Waldir se observan algunos árboles —queñuales o eucaliptos jóvenes— cerca de su casa. Sin embargo, el uso de la bosta responde a que la mayoría de las comunidades están por encima de la línea natural de los árboles (timberline). A esa altitud, el crecimiento de los árboles es extremadamente lento. Los árboles que aparecen en los videos suelen ser plantados junto a las casas; no son bosques de los que una comunidad pueda extraer leña diariamente sin deforestar la zona en pocos meses. La bosta, en cambio, es un recurso renovable y gratuito: mientras haya vacas, ovejas o alpacas, hay combustible.
[2] Video de referencia: https://youtube.com/shorts/5lvuQaBVREk?si=Bh9C0-I91rhOo9Lf
[3] Coll Calderón, L. (2014). Relación entre pobreza y altura: Propuesta para un Sistema Integrado de Encuestas de Hogares. Lima, Perú: Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI). Esta investigación fue preseleccionada por unanimidad por el jurado calificador bajo la Temática 3: Sistema Integrado de Encuestas.
[4] Ministerio de Economía y Finanzas, (2011). Artículo Especial: Los 993 distritos más pobres del Perú. Boletín de Inversión Pública, (1), 1-3. Los datos de todas las tablas de este artículo —distritos de sierra, distritos de selva y población en extrema pobreza por región natural— provienen de esta misma fuente. El patrón geográfico de concentración de la pobreza extrema en la sierra alta y la selva aislada se mantiene estructuralmente estable según el Mapa de Pobreza INEI 2018 y la ENAHO 2022.
[5] Ver Anexo 1: El caso de Provias Rural — explicación de por qué Provias Rural ya no funciona como en el pasado.

