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Urbanismo • Ed. julio, 2022

LA ALCALDÍA DE LIMA HOY SON TRES CARGOS Y NO UNO RECORDEMOS ESO EN VÍSPERAS ELECTORALES

En vísperas de elecciones municipales, creo útil reiterar este esclarecimiento (y recordar textos que escribí en distintos momentos sobre Lima… que la Universidad de Lima publicará en un libro mío próximamente).

El Alcalde de Lima es también el presidente, aunque hasta hoy escondido, de la Región Metropolitana de Lima, y como tal, es un Gobernador y parte del Consejo Nacional de los GORE, el conjunto de gobiernos regionales del Perú. Y esa presidencia o gobernación es de nada menos que del espacio estratégico donde se produce y administra media riqueza del país.

Esa tarea se habría podido y debido reclamar, hace ya muchos años pero ha sido eludida. Cuando allí están competencias indispensables para organizar esta caótica metrópoli: para ordenar el litoral y las cuencas, para recuperar el ambiente agredido y tóxico, para organizar, inducir y programar la expansión urbana, para frenar las invasiones caóticas que hacen de Lima cada noche un huaico distinto al día anterior, para articular el transporte interprovincial y la viabilidad.

Para hacer de Lima una metrópoli competitiva como ya son Santiago, Bogotá, Quito, Guayaquil… y hasta puede serlo, porque sí ha asumido ser Región, el mismo Callao, aunque sea parte de nuestra invertebrada metrópoli Lima-Callao.

No se quiso, en el estilo de esos alcaldes mayoritariamente caudillistas que hemos tenido. Y se prefirió que la “culpa” de déficits en esos temas sea de otro, aceptando así un rol más decorativo que gestor.

También el Alcalde Provincial de Lima es el alcalde del distrito central, llamado inexactamente Cercado. De ese centro en el que se sabe que hay un millón de metros cuadrados vacíos y sin uso, porque todavía casi nadie quiere vivir ni trabajar, ni dar servicios allí, y por ello abundan edificios (avenidas Tacna, Colmena, Garcilaso, Uruguay, Azángaro, Torrico, Camaná, Emancipación, etc.) en que los primeros pisos están tapiados y clausurados. Y donde la tramitología es complicadísima y no hay ningún Plan Estratégico, salvo algunas restauraciones y obras dispersas que solamente maquillan una crisis grave.

Pues la pobreza y el desempleo siguen, la inseguridad se agrava, las casas se caen un día sí y el otro también. Hay algo más de turismo (en todo el país), pero solamente va a algunos pocos circuitos. Y se tiene miedo de ir por extensas zonas, pese a ser declaradas Patrimonio de la Humanidad. Y absurdamente casi no hay en el centro inversión en vivienda. Eso necesita estrategias pero es plenamente posible.

Por eso es que, para el Alcalde de Lima asumir las tareas y competencias de una Región Metropolitana es clave, y no solamente estar colgado de la brocha, inventando obritas fotografiables.

La de Lima metropolitana hoy es una realidad cotidianamente segregada y conflictiva, con una parte de su población que, según encuestas, preferiría vivir en otro lugar, pero no tiene más remedio que estar aquí debido al centralismo nacional del empleo y de las oportunidades. Esto puede y debe ser muy distinto. Pero con planes y proyectos.

Lima es una realidad con enormes potencialidades muy desperdiciadas por su autoridad metropolitana encerrada en su torre de observación. Pues hay periferias que ya no lo son y que pueden, y deben, ser nuevos centros. Hay enormes energías sociales, una gran población joven, afanes de progreso, mayor capacidad de ahorro y consumo, una cultura extendida y democratizada. Es decir, herramientas para cambiar rápidamente y crear procesos reanimadores.

Y hay, fuera de la Lima oficial, otra ciudad que se hace sola y que el municipio ignora, sin alentar indispensables alianzas locales. Los liderazgos, tanto en la ciudad emergente como en la consolidada, bailan cada uno con su pañuelo, pese a que todo hace una sola realidad… metropolitana.

Ya, hace décadas, no se puede pensar en esos viejos términos de esa dualidad ciudad/barriada, que no convoca ni escucha a liderazgos locales para orquestar desarrollo y que solamente les ofrece asistencialismo. Pero eso hemos tenido. Eso está a contracorriente de lo exigible y de lo necesario.

A Lima hoy no le corresponden más estos caudillismos que tuvimos, herederos de la inaceptable visión de un hacendado sobre su ranchería. A Lima le corresponde un liderazgo actual, pluralista y descentralizado, para hacer una metrópoli contemporánea.

Esa es la tarea del próximo alcalde. Y ése el estilo de liderazgo que hay que exigir. Pero la agenda de Lima es otra que la de la mayoría de sus políticos. En Lima es necesaria una alianza estratégica público-privada.

Para materializar las inversiones necesarias. Sumando otra alianza de gobierno central y gobierno metropolitano. En donde todos ganemos. Ese reto nuevo debe ser uno de consensos, de coincidencias, de proponerse sumar proyectos, de superar y no fabricar crisis.

Sabemos que para Lima hay, todavía en la “cocina” un plan urbano sin acuerdos claros. Que sería indispensable ya. Plan que no puede esperar. Y que se hizo durar demasiado, con comisiones infinitas, sin que se supiese nunca qué le tocaba a quién.

Debe ser un plan urbano con una agenda amplia y con cambios de actitud. Que el municipio deje de ser un freno y sea un gestor de futuro. Que se entienda y aproveche, porque es indispensable, inversión privada: para, por ejemplo, extender el Zanjón, y para materializar alguna infraestructura pero desde una mirada coherente y no monumentalista.

Y hay que sumar sub-centros y polos de desarrollo. Desconcentrar, hacer esa ciudad policéntrica que propuse hace más de 30 años.

Y hay una agenda impostergable. Es indispensable reordenar y racionalizar el transporte en líneas con lógica. Hay que extender la ciudad bien, en el norte y el sur, a un espacio territorial cercano y conseguir que el conjunto esté intercomunicado, superando la dualidad ciudad-periferia. Y hay que hacerlo antes de que las invasiones decidan por nosotros. Hay que conseguir que se invierta en el centro. Hay que preparar la ciudad para más de medio millón de viviendas nuevas y varios millones de pobladores más.

Hacer ciudad, para todos, con todos. Ese es el reto verdadero de Lima, de naturaleza plural, y es muy distinto del de algunos políticos, para quienes lo que buscan es quién gana, cuándo y con qué ideología excluyente, malentendiendo el mandato electoral que no reconoce legitimidad en esas capillas y clubes ideológicos. Maniqueos, inactuales, pre-modernos, inmaduros, intolerantes. En una ciudad que hace rato quiere otra cosa que eso.

Lima somos todos y su futuro, que es el nuestro, nos interesa construirlo.

Escrito por

Arq. Augusto Ortiz de Zevallos

AOZ ARQUITECTOS Y URBANISTAS

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