La construcción de una nueva Carretera Central constituye una de las decisiones de infraestructura más importantes para el Perú en el siglo XXI. No se trata únicamente de una obra vial destinada a mejorar el transporte entre Lima y la sierra central; se trata de un corredor estratégico para la integración territorial, el desarrollo económico y la seguridad logística del país.
Precisamente por la magnitud de esta infraestructura, su planificación y ejecución deben respetar principios técnicos fundamentales que rigen los proyectos de gran escala. Uno de ellos es el principio de indivisibilidad del proyecto, principio ampliamente reconocido en la planificación territorial y en los sistemas de evaluación ambiental.
En las últimas semanas se ha comenzado a hablar de la ejecución del proyecto mediante “tramificaciones” sucesivas, incluso señalando el inicio del proyecto en el sector de Pariachi mediante la construcción de un túnel que permitiría conectar con la parte alta de la cuenca del Rímac. Sin embargo, esta forma de plantear el proyecto plantea serias preocupaciones desde el punto de vista técnico, ambiental y de planificación.
Fragmentar un proyecto de esta magnitud implica evaluar cada tramo como si fuese una obra independiente. Esto puede generar la falsa impresión de que los impactos ambientales y territoriales son menores de lo que realmente serán cuando el sistema vial opere en su totalidad. La experiencia internacional demuestra que la fragmentación de proyectos de infraestructura puede ocultar impactos acumulativos, sinérgicos e indirectos que solo se revelan cuando el proyecto se analiza de manera integral.
La evaluación ambiental moderna —tal como lo establecen los sistemas de evaluación ambiental en numerosos países— exige precisamente lo contrario: una visión integral del proyecto. En el caso peruano, el Sistema Nacional de Evaluación de Impacto Ambiental establece que los proyectos deben evaluarse considerando sus impactos acumulativos, sus efectos territoriales y su interacción con otras infraestructuras existentes o previstas.
Otro aspecto fundamental que debe recordarse es que todo proyecto vial comienza con el análisis comparativo de alternativas de trazo. Antes de iniciar el diseño definitivo de ingeniería, se debe determinar cuál de las alternativas posibles presenta la mayor viabilidad ambiental, social y territorial. Este proceso permite seleccionar el corredor más adecuado para el país, minimizando riesgos ambientales, conflictos sociales y sobrecostos futuros.
En el caso de la Nueva Carretera Central, el país ha conocido diversas alternativas de trazo a lo largo de los últimos años. Algunas de ellas parten del corredor actual de la Carretera Central, mientras que otras proponen corredores alternativos que podrían reducir conflictos urbanos, riesgos geodinámicos y presiones ambientales en zonas altamente vulnerables.
Por ello, resulta fundamental que el país no pierda de vista un principio básico de la planificación de infraestructura: la obra debe evaluarse como un sistema integral y no como una suma de tramos aislados. La carretera no es solo una obra de ingeniería; es un eje estructurante del territorio nacional que definirá patrones de transporte, desarrollo económico y uso del suelo durante las próximas décadas.
La historia de la infraestructura en el Perú muestra que cuando los proyectos estratégicos se planifican adecuadamente —evaluando alternativas, analizando impactos ambientales de manera integral y considerando el desarrollo territorial— los beneficios para el país son duraderos. Por el contrario, cuando las decisiones se toman bajo presiones coyunturales o fragmentando los proyectos para facilitar su ejecución inmediata, los problemas terminan trasladándose a las generaciones futuras.
La Nueva Carretera Central debe ser concebida como lo que realmente es: un proyecto de Estado. Por ello, su evaluación ambiental, su planificación territorial y su diseño de ingeniería deben responder a una visión estratégica de largo plazo, basada en criterios técnicos y no en soluciones parciales.
Solo así el Perú podrá contar con una infraestructura que no solo resuelva los problemas actuales de transporte, sino que contribuya al desarrollo sostenible del territorio nacional.

