Nueva Carretera Central: integración regional sí, pero con viabilidad técnica y ambiental

El debate reciente sobre la Nueva Carretera Central se ha centrado principalmente en el financiamiento del proyecto y en la decisión política para su ejecución. Sin embargo, ante esto el país debe resolver una cuestión más fundamental: si el proyecto es técnica, ambiental y territorialmente viable.
La Nueva Carretera Central no es únicamente una obra vial. Se trata de un corredor estratégico que articula Lima con el centro del país y constituye uno de los principales ejes de integración entre la costa, la sierra y la Amazonía central. Por lo tanto, su diseño y ejecución deben responder a una visión de integración regional sostenible, que fortalezca la conectividad territorial, dinamice los sistemas productivos regionales y mejore la competitividad logística del Perú.
Pero precisamente por su importancia estratégica, el proyecto debe evaluarse con el mayor rigor técnico. En toda infraestructura de gran escala existe una secuencia básica: primero se analizan alternativas de trazo, luego se evalúa su viabilidad técnica, económica y ambiental, posteriormente se desarrolla el diseño definitivo y recién entonces se procede a su ejecución.
En el caso de la Nueva Carretera Central aún existen interrogantes relevantes. Uno de los aspectos más sensibles es la denominada “tramificación” del proyecto, que plantea evaluar o ejecutar segmentos de la carretera de manera independiente.
Este enfoque resulta incompatible con los principios fundamentales de la evaluación de impacto ambiental, tales como la indivisibilidad, la integridad y la sostenibilidad, que forman parte del marco del Sistema Nacional de Evaluación de Impacto Ambiental. Estos principios exigen que los proyectos sean evaluados considerando la totalidad de sus componentes, sus interrelaciones territoriales y sus impactos acumulativos en el tiempo y el espacio.
La convocatoria realizada el 8 de marzo a un taller de participación ciudadana referido a la denominada “tramificación II”, con el aval de la autoridad ambiental competente, pone en cuestión la coherencia del proceso de evaluación ambiental del proyecto. Evaluar el proyecto por partes, bajo esquemas de tramificación, debilita el análisis integral que exige el propio sistema de evaluación ambiental.
Una carretera de gran longitud constituye un sistema territorial continuo. Sus efectos sobre las cuencas hidrográficas, los ecosistemas altoandinos, la estabilidad geológica de la cordillera y las dinámicas socioeconómicas regionales deben analizarse de manera integral. La fragmentación del proyecto podría impedir una adecuada evaluación de los impactos acumulativos y de las alternativas de ingeniería más adecuadas.
En este contexto, genera preocupación la posibilidad de iniciar obras específicas —como el túnel Pariachi— sin contar previamente con la aprobación del Estudio de Impacto Ambiental integral del proyecto. Proceder de esta manera podría comprometer la coherencia técnica de la evaluación ambiental y generar riesgos futuros tanto para la infraestructura como para el territorio.
La cordillera central del Perú presenta condiciones geológicas complejas, con riesgos geodinámicos y ecosistemas de montaña particularmente sensibles. Por ello, cualquier infraestructura que atraviese este territorio requiere estudios geológicos, geotécnicos y ambientales rigurosos.
Asimismo, la planificación de grandes infraestructuras en el siglo XXI no puede desvincularse de los compromisos globales frente al cambio climático. Desde la década de 1970, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente impulsó el concepto de eco-desarrollo, orientado a integrar la dimensión ecológica en las estrategias de desarrollo. Posteriormente, promovió el eslogan “Desarrollo sin destrucción”, que sintetiza la necesidad de conciliar crecimiento económico con conservación ambiental.
Este enfoque cobra especial relevancia frente a los desafíos actuales del cambio climático y a las orientaciones internacionales que se vienen consolidando en el marco de las conferencias climáticas globales, donde se enfatiza la necesidad de infraestructuras resilientes, sostenibles y compatibles con la protección de los ecosistemas.
La Nueva Carretera Central es una infraestructura necesaria para fortalecer la integración regional del país. Pero precisamente por su importancia estratégica, el debate nacional no debe limitarse al financiamiento ni a la presión por iniciar obras.
Primero se debe demostrar que el proyecto es técnicamente sólido, ambientalmente viable y coherente con los principios de la evaluación ambiental y los desafíos del cambio climático.
Solo cuando esas condiciones estén plenamente acreditadas será razonable discutir su financiamiento y ejecución. El Perú necesita infraestructura moderna, pero también decisiones responsables que aseguren un verdadero desarrollo: un desarrollo sin destrucción.
